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Música

Una vivencia trascendental

Todos los elementos se conjuntaron y crearon una unidad, logrando así una vivencia trascendental. Fue solo un instante, pero así es la música: fugaz e irrepetible, a veces es nada más un acorde, unas notas o una frase…

Por Nahum Aquino

Fue el aniversario de la Iglesia en la que me congrego y tuvimos una celebración especial. Como ministro de música, tuve la bendición de seleccionar los himnos que se entonaron, coordinar a los músicos, acompañar desde el piano, dirigir al Coro y tocar en la participación musical de los niños.

El culto abrió con el canto “Vine a alabar a Dios” y desde las primeras frases escuché que la Iglesia cantaba con alegría, con fuerza, con disposición y libertad. Cuando la música y la alabanza fluyen se crea un ambiente propicio para escuchar la Palabra de Dios.

El culto iba “in crescendo”. El tercer himno congregacional fue ” Dios descendió”. Mientras cantábamos, en determinado momento noté que todos los instrumentos tocaban la melodía. Entonces volteé hacia donde estaba el saxofonista y comencé a cantar una armonía.

El hermano captó mi idea y empezó a tocar esa voz. Justo antes de regresar por segunda vez al coro, tocó unas notas extras; una pequeña frase improvisada que encajó perfectamente en la línea melódica.

Todos los elementos se conjuntaron y crearon una unidad, logrando así una vivencia trascendental. Fue solo un instante, pero así es la música: fugaz e irrepetible, a veces es nada más un acorde, unas notas o una frase…

El saxofonista y yo (y no sé cuántos más) quedamos impactados en ese momento en el que estuvimos “juntos y en armonía”. Comprobé una vez más el poder de la alabanza y la importancia de la música en la Iglesia.

Esa misma tarde recibí unos mensajes del celular de una hermana diciéndome que los cantos del culto le habían gustado mucho y hacía especial referencia al himno en cuestión, lo cual es prueba fehaciente de que esta experiencia musical trascendió entre los que estábamos presentes.

El gran evangelista mexicano Juan M. Isáis decía: “Los hermanos de la Iglesia para el martes o miércoles ya no recuerdan el mensaje que escucharon el domingo, pero sí se acuerdan de los himnos que cantaron”.

La experiencia de adoración que tuvimos en este culto, fue la mejor celebración de aniversario de nuestra amada Iglesia, porque “Dios descendió y de gloria nos llenó”.

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