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Para hombres

El verdadero papel del padre

¿Tradicional, moderno o qué clase de padre?

Por David Macías

Hasta hace unos pocos lustros, era común en los hogares mexicanos, que la autoridad máxima fuera del padre; y yéndonos un poco más lejos, recordamos la tradicional figura, casi de dictador, del padre que regía en forma total el destino y vida de los componentes de su familia y que incluso era él quien decidía qué se comía, ya no digamos con quién se casaban las hijas o a qué se dedicaban los hijos.

En contraste con este padre de hace unos años, ahora nos encontramos con la figura de un padre “moderno”; un padre que pocas veces sabe qué ocurre cotidianamente en su hogar, un padre que si acaso una o dos veces por año acude a la escuela donde estudian sus hijos y mucho menos sabe qué clase de amistades tienen.

Un padre que ha delegado su responsabilidad de manejar el hogar, en su cónyuge, en el mejor de los casos, cuando no, en alguno de sus familiares cercanos; un padre al que sus hijos no consultan respecto de con quién, cuándo y dónde pueden realizar sus actividades.

Cualquiera de estas dos figuras, analizadas racionalmente y sin el prejuicio, tan común, de creer en la supremacía masculina, simplemente por ser masculina más aún por la desvalorización que se le ha asignado a la mujer, nos proyectan una imagen a todas luces equivocada del papel que debe desempeñar el padre en el hogar.

Ahora bien, el padre debe ser el director de su familia, así como el director de una orquesta sinfónica, compuesta de verdaderos maestros en cada uno de los instrumentos que forman una orquesta y que necesitan de alguien que los acople unos con otros para crear un todo armónico.

Así el padre debe conciliar los intereses y conflictos de los diversos miembros de su familia, para que haya armonía y paz en su hogar porque es al hombre a quien se encomienda, el formar un hogar y la buena marcha de este; incluso, y de acuerdo con las estadísticas, la mayor parte de los hogares (mundialmente), son sostenidos económicamente por el padre, a pesar del aparente desarrollo de los movimientos de liberación femenina.

Y si es el padre el responsable de la seguridad económica de la familia, con mayor razón lo debe ser de la seguridad intelectual, moral y espiritual, responsabilidad esta, que ha contraído, primeramente, ante la sociedad en que convive mediante su matrimonio civil, y en seguida y de manera más trascendente, ante Dios, ante quien va a responsabilizarse no solo de su pareja, sino también de sus hijos.

Por eso, debemos ser respetuosos con nuestros padres (que es el primer mandamiento bíblico con promesa) y en consecuencia sabremos ser buenos padres, encargándonos cabalmente de nuestras responsabilidades, y haciendo buen uso de nuestra autoridad, pidiendo a Dios en oración su dirección.

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