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Porque Él nos hizo uno para ser felices, reflejar la unidad de Dios mismo y para ser testimonio al mundo

Por Sara Trejo de Hernández

Para hablar de la unidad en el matrimonio, veremos que: no es uniformidad, es una decisión, nos hace fuertes, es un misterio, es para toda la vida.

De los siguientes textos podemos extraer estos conceptos.

“¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo, y dijo: Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne? Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre” (Mt. 19:4-6).

“Mejores son dos que uno; porque tienen mejor paga de su trabajo. Porque si cayere, el uno levantará a su compañero; pero ¡ay del solo! que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante. También si dos durmieren juntos, se calentarán mutuamente; mas ¿cómo se calentará uno solo? Y si alguno prevaleciere contra uno, dos le resistirán; y cordón de tres dobleces no se rompe pronto” (Eclesiastés 4: 9-12).

La unidad no es uniformidad (¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo. . .?)

Para empezar, Dios nos hizo varón y mujer, desde ahí ya existe una diferencia importante. Además, la historia familiar de cada miembro de la pareja es única, tanto que parecieran pertenecer a mundos distintos.

Cuando me casé, mi esposo Marino, acostumbraba dejar sin meter en el colchón la sábana y la cobija. En mi familia se usaba que la cama se tendiera estilo hospital. Así que Marino, zafaba todas las sábanas y cobijas de los pies de la cama y yo las quería sujetas bajo el colchón.

Somos distintos en estilos de aprendizaje, habilidades, pero eso es lo que da riqueza y diversidad a la relación.

Al reconocer las fortalezas de cada uno, podemos aprovecharlas. El que es bueno para administrar puede encargarse del dinero y el que es creativo y tiene idea del diseño de interiores puede elegir los muebles, la pintura y las cortinas.

Someternos al otro, en lo que cada uno es más capaz, fortalece la unidad.

La unidad es una decisión (Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne)

Es una decisión a favor de la pareja y en contra de cualquier cosa o persona que la quiera afectar. Por algo el Señor puso esto en la Escritura, sabía que en algunas culturas como la nuestra se tienen problemas para la separación de los padres.

Existen familias que educaron a sus hijos e hijas con la siguiente frase: “Primero conociste madre”, exaltando la relación con los padres y minimizando al esposo o la esposa.

Bueno, esto no es lo que Dios planeó para el matrimonio. Cuando nos casamos lo más importante después de mi relación con Él, es mi esposo. Ni los padres ni los hijos. No debemos permitir que nadie se entremeta entre nosotros. Mucho menos si trata de destruir esa unidad.

Si mis padres hablan mal de mi esposo, si me aconsejan dejarlo, no hacerle caso, quitarle el dinero, engañarlo o mentirle, si alientan mis malos tratos hacia él o encubren una infidelidad, están destruyendo mi relación.

Tal vez no hablen mal del cónyuge, pero quieran que todo el tiempo se lo dediquemos a ellos. O que hagamos en nuestra familia las cosas que ellos hicieron en la suya. Con respeto y cariño se pueden evitar sus comentarios.

Tuve una tía que no quería a la esposa de su hijo. Se la pasaba contándole mentiras de ella. Cada vez que él visitaba a su mamá volvía a su casa enojado por todo lo que su mamá había sembrado en su corazón. Su relación nunca pudo ser buena, porque la mamá envenenó a su hijo contra su esposa y él lo permitió.

No dejemos que nadie destruya lo que Dios nos ha regalado. Nosotros mismos podemos producir ese veneno con malos pensamientos, dudas o celos. No dejemos que nada ni nadie se interponga en nuestra unidad.

La unidad nos hace fuertes (Mejores son dos que uno; porque tienen mejor paga de su trabajo).

En el caso en que ambos trabajen fuera de casa se aumenta el ingreso, pero si la esposa permanece en el hogar, ella se encarga de todas las tareas, que si no estuviera, se tendrían que pagar para que alguien más las hiciera.

Eso es un gran apoyo. Los varones que tienen esta ayuda pueden irse confiados a su trabajo sabiendo que en casa todo está bajo control. Además, si el esposo tuviera que pagar por todo lo que hace la esposa limpiando la casa, lavando y planchando la ropa, preparando la comida y cuidando de los hijos, tendría que pagar una cantidad considerable al mes. Haciendo cuentas la esposa le ahorra a la familia ese dinero.

Porque si cayere, el uno levantará a su compañero; pero ¡ay del solo! que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante.

Cuando el ánimo decae o estamos desilusionados, deprimidos, flaqueando en nuestra fe o hemos pecado, nuestro compañero puede orar por nosotros y animarnos o llamarnos la atención.

Cuentan que cuando Lutero estaba deprimido su esposa se vestía de negro. Al verla le preguntaba la razón y ella le respondía: “Es que Dios está muerto”. Entonces enojado le refutaba: “¿Cómo te atreves a decir eso?”. Entonces ella respondía: “Entonces ¿por qué mi señor está tan desesperanzado?”.

Y si alguno prevaleciere contra uno, dos le resistirán.

Si tenemos un mal momento o tenemos dificultades con los padres, hermanos, o el trabajo, nuestro cónyuge nos fortalece con palabras de ánimo y consejo o viceversa. También, Dios nos usa para liberar al otro de la soledad, le damos alegría a su vida. Y a él lo usa para hacernos sentir protegidas y queridas. Somos uno para el otro.

Y un punto importantísimo, estar unidos nos hace fuertes contra la adolescencia de los hijos. Solos nos debilitamos, unidos nos mantenemos fuertes.

La unidad es un misterio (Así que no son ya más dos, sino una sola carne)

Algo que nos puede ayudar a comprobar cómo está nuestra unidad de pareja es:

¿Cuido a mi cónyuge como a mí mismo? ¿Me levantaría de la cama para prepararle un té para su estómago, una vez que ya estoy descansando del arduo día?

¿Estoy interesada/o en que desarrolle el potencial que Dios puso en él, dándole tiempo para tomar cursos, hacer lo que le gusta y superarse?

¿Estoy dispuesto/a a renunciar a mis gustos, en su favor? Como dejar que vea el fútbol, en vez de mi película favorita.

Para lograr que nuestro egoísmo no venza, necesitamos leer la Biblia cada día y obedecer lo que nos dice. Orar por nuestro cónyuge, por su trabajo, sus luchas, su éxito y para que Dios le hable en su Palabra y sea obediente a Él.

La unidad es para toda la vida (Por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre)

El matrimonio es una carrera de resistencia, no de 100 metros. Es una decisión de cada día. En las dificultades económicas, de salud, al tomar acuerdos, en los cambios físicos, en los momentos de crisis, Dios restaura y acrecienta el amor.

Enfrentamos una lucha. Dios instituyó el matrimonio así que existe alguien dispuesto a acabar con él. Si la relación está en riesgo, vayamos con el Señor, busquemos ayuda, tomemos consejería, terapia o lo que sea necesario y resolvamos el problema. Dios está interesado en que salgamos adelante y seamos felices.

Porque Él nos hizo uno para ser felices, reflejar la unidad de Dios mismo y para ser testimonio al mundo.

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