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¿Quién no ha imaginado tener en sus manos la lámpara mágica de Aladino con su respectivo genio…

Por Madai Chávez Argott

¿Quién no ha imaginado tener en sus manos la lámpara mágica de Aladino con su respectivo genio, dispuesto a conceder tres deseos? Muchas mentes ambiciosas han asegurado que su primer deseo consistiría en hacer el resto de los deseos, ilimitados. Sería absurdo acceder a un poder sin límites y conformarse con solo una pizca del mismo.

Lo sorprendente de esto es que somos capaces hasta de hacer planes de vida imaginarios basados en una fantasía y a veces nos resulta realmente difícil planear de acuerdo a la realidad; lo cual es curioso porque, ¿no gozamos acaso de acceso directo a una fuente ilimitada de poder?

Según Lucas 1:37: “Nada hay imposible para Dios” ¡Ah, resulta entonces que Sherezada y los que hemos oído sus relatos no estamos locos por aspirar a algo tan formidable! Pero entonces, ¿por qué nuestra vida no es un cuento como Las mil y una noches? La dificultad está una vez más en nuestro necio corazón. Nos fascina la idea de que alguien con un poder superior al nuestro haga realidad nuestra voluntad, ¿no es ridículo? ¿Por qué una mente tan superior a la nuestra haría algo semejante?

El problema no está en el infinito poder de Dios, sino en nuestros finitos y vanos deseos. Santiago nos recuerda en su carta que no recibimos, porque pedimos mal. Entonces, nuestra meta no es lograr que Dios haga todo lo que deseamos, ¡sino desear todo lo que Dios ya tiene en su corazón hacer! Así, pediremos con toda certeza de que recibiremos tres deseos y otros tres y otros tres, ¡y todos los que queramos!

“Deléitate asimismo en Jehová, Y él te concederá las peticiones de tu corazón” (Salmo 37:4).

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