Para mujeres

¡Tiene 15 días de vida!

El diagnóstico era que el cáncer que atacó a mis ovarios era demasiado agresivo e inoperable en ese momento

Por María Celia Hernández Hernández 

“Señora, usted está contra reloj, es urgente que consulte a un ginecólogo oncólogo, ya que el problema viene de sus ovarios, lo cual indica un tumor que puede ser benigno o maligno”. Como en un sueño, escuché las palabras del doctor Rebolledo, destacado cirujano gastroenterólogo en la Ciudad de México. 

Llevaba ya meses visitando a diferentes médicos. Me habían diagnosticado colitis, colon irritable y divertículos. Incluso un médico con marcado despotismo me dijo que tenía cirrosis. Había perdido mucho tiempo.

Mi esposo y yo salimos del consultorio del doctor Rebolledo dándole gracias a Dios porque por fin nos había guiado por el camino correcto. Para este momento los dolores ya eran insoportables, tenía una marcada delgadez y el vientre demasiado inflamado. 

Nací en la Ciudad de México, fui la sexta hija de una tabasqueña con un veracruzano, el cual nos abandonó cuando yo tenía 8 meses de nacida. Mi madre luchó por nosotros con arduo trabajo. Mi padre en cambio siguió en el alcoholismo y la farándula ya que era un destacado pianista y formó otra familia en Acapulco, Guerrero.

Conocí de la Palabra de Dios a los 18 años a través del pastor Filiberto Pacheco y después de un tiempo me enviaron a un Instituto Bíblico en Allende, Nuevo León. Ahí conocí más al Dios en el que había creído. 

Después de salir del Instituto Bíblico trabajé en el Movimiento al que pertenezco, y colaboré en un proyecto de Evangelismo a Fondo llamado EVAF Iztapalapa, al lado del hermano Juan M. Isáis y muchos pastores que se unieron para bendición de la delegación de Iztapalapa. 

También trabajé por siete años como parte del equipo de Milamex con la amada Elisabeth Fletcher de Isáis, de quien tengo grandes enseñanzas y hermosos recuerdos. 

Ya en el otoño de mi vida, en marzo del 2013, el Señor me permitió contraer matrimonio con el pastor Antonio Medina Omaña. En junio (como a los tres meses de casada) comenzaron las molestias en mi cuerpo. Después de un viacrucis buscando el porqué de mi dolor, por fin llegamos con el doctor Rebolledo. 

Era un momento difícil y acudimos al Instituto Nacional de Cancerología donde no me atendieron porque no era paciente de ahí. Para ingresar debía llevar el diagnóstico y los estudios correspondientes avalados por un médico (lo cual a Dios gracias lo hizo el doctor Rebolledo). Además, teníamos que estar a las 5 de la mañana para hacer fila y ver si era candidata de nuevo ingreso. 

En un día de mucho dolor (antes de ser paciente de Cancerología), fui llevada a Nutrición, donde gracias a Dios me recibieron por la gravedad en la que me encontraba. Iba con una ascitis (líquido en el vientre) muy severa. Me extrajeron 3 lítros de líquido del vientre, porque tenía peligro de caer en paro cardiaco ya que estaba oprimiendo mis órganos vitales. 

Logré ingresar como paciente a Cancerología el 29 de noviembre del 2013. El diagnóstico era que el cáncer que atacó a mis ovarios era demasiado agresivo e inoperable en ese momento. Mi esperanza de vida era de 15 días. Inicié un tratamiento muy difícil donde me tuvieron que suministrar morfina para soportar los terribles dolores.

Transcurrieron varios meses dentro y fuera del hospital, con quimios que me provocaban vómito y malestares muy difíciles de sobrellevar. Me siguieron sacando líquido del vientre hasta que decidieron colocarme un catéter con el cual, todos los días tenía que drenar ese líquido. Tenía un segundo catéter del lado derecho, cerca de mi corazón por donde me suministraban las quimios.

Me operaron en julio del 2014. Gracias a Dios pudieron sacar el tumor y mis ovarios. Hubo una complicación ya que debido a las quimios mi ovario se había pegado al intestino, por lo que tuvieron que cortar parte de mi intestino.

No ha sido fácil continuar, llevo más de setenta quimios aplicadas por el catéter, el cual ya me fue retirado, sesenta quimios tomadas y tres quimios más vía intravenosa. El cabello, las cejas y las pestañas se me han caído tres veces. Pero sigo luchando y agradeciendo a Dios por cada día de vida que me da y por cada uno de mis seres queridos que me han acompañado en este tiempo tan especial. Los quince días que me daban los médicos se han extendido a casi tres años más.

Gracias a Dios siempre he contado con mi hermana Carmen, su esposo Cornelio (que ya partió a la presencia del Señor) y Toño (mi esposo), los cuales siempre han estado dispuestos a hacer todo lo necesario para buscar la mejor solución a mi situación física.

Sé que Dios tiene un plan para mí y me sostiene hasta el día de hoy. He visto su mano poderosa de muchas maneras. Es una bendición conocerlo y saber que pase lo que pase, su voluntad se va a llevar a cabo en mi vida. Tengo paz al saber que mi pasado, presente y futuro están en sus manos. Sin Él no podría continuar cada día. 

IMPORTANTE

Cuida tu cuerpo y aprende a escucharlo. El cáncer de ovario no es fácil de detectar.

El cáncer de ovario epitelial ocupa el sexto lugar en frecuencia para la mujer, pero es más letal que el cáncer de mama y el cervicouterino. 

Como en otros tipos de cáncer, el diagnóstico de la enfermedad en su etapa menos avanzada es la clave para su curación y control.

El papanicolaou NO diagnostica el cáncer de ovario.

El cáncer de ovario en etapa temprana NO es palpable.

El ultrasonido transvaginal es el mejor método de diagnóstico y se recomienda al mismo tiempo, determinar el antígeno CA 125.

Puedes ingresar a www.cancerdeovario.org.mx para más información.   

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