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Para todos

Supérate para servir a otros

Amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos, debe ser la piedra de toque para empezar a superarnos

Por Olga López L. de Browne

Con toda seguridad podemos afirmar que la superación es la meta de casi todo ser humano. ¿Pero qué es superarse?

El atleta habla de superación cuando logra vencer sus complejos, cuando sus reflejos son mejores, cuando logra mayor eficiencia en el deporte que practica.

El estudiante se supera cuando aprende a estudiar, cuando asimila más, cuando mejora sus calificaciones.

El ama de casa se supera cuando aprende a cocinar mejor, a distribuir el gasto, a ocupar mejor su tiempo, etc.

Pero la superación no es un simple “estar arriba” o tener más conocimientos. Si esa superioridad no va acompañada del deseo de servir a los demás, es indudable que con nuestras capacidades adquiridas exista el peligro de que egoístamente tratemos de servirnos a nosotros mismos sin importarnos herir, destruir o pisotear a nuestro prójimo.

Así vemos al estudiante que termina su carrera y lo primero que piensa es en hacer dinero lo más pronto posible. Si es ama de casa, podrá tener la tentación de lucir sus habilidades ante las amigas y embarcarse en reuniones y fiestas para ser la anfitriona aclamada, aunque sus niños se queden sin la atención debida.

Ya se dio el caso de un hombre que se puso a estudiar con ahínco todo lo relativo a grabado, dibujo y diseño a fin de falsificar billetes.

¿Eso es superarse? Indudablemente que no. Más bien podríamos pensar en una degeneración del individuo, pues en lugar de usar sus conocimientos para ayudar a otros, los usa para su propio provecho sin importarle la ruina de sus semejantes.

Nuestros conocimientos, nuestro dinero, todo lo que hemos logrado no tendrá ningún significado positivo en nuestras vidas ni en la vida de los que nos rodean, si no usamos esa capacidad para ayudar a los demás.

El mandamiento cristiano de amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos, debe ser la piedra de toque para empezar a superarnos. La verdadera superación es tener en mente los deseos divinos de tender nuestros brazos al prójimo y hacerle todo el bien que podamos.

Veamos ahora cuáles son algunos de los obstáculos más importantes que evitan nuestra superación, para vencerlos con la ayuda de Dios:

1. Miedo al fracaso.

No hay cosa más negativa que el temor. Tener miedo a fracasar es como darnos por vencidos de antemano. Así vemos al estudiante que dice: “¿Para qué estudio si de todos modos voy a reprobar?” Con estos pensamientos realmente se está cerrando las puertas del progreso en sus estudios.

Veamos a la madre que dice: “¿Para qué he de aprender a cocinar? De todos modos mis hijos y mi marido no apreciarán mis esfuerzos”. Si realmente ama a los miembros de su familia, se esforzará en presentarles la comida lo más atractiva, nutritiva y balanceada posible, y ciertamente no para que la aprecien, sino porque siente una necesidad imperiosa de que los suyos crezcan contentos, sanos y fuertes.

2. Malos hábitos.

Juanita quiere ser modelo. Es agraciada y simpática pero tiene el hábito de caminar encorvada, no se asea los dientes y siempre o casi siempre llega tarde a su trabajo.

Creemos que para ella, alcanzar el triunfo es algo dudoso. Más le valiera empezar a reconocer que tiene malos hábitos y tratar con todo empeño de quitarlos de su vida sustituyéndolos por hábitos buenos; de otro modo no podrá llegar a su meta.

3. Urgencia del éxito.

El que quiera llegar muy alto, tendrá que empezar a subir desde el primer escalón, afirmando bien los pies en cada uno de los siguientes hasta llegar arriba. De otro modo, corre peligro de caerse.

No hay recetas mágicas para el éxito, ni tampoco sirven los atajos. Quitémonos la idea de que el amigo o el “compadre” nos van a colocar en el lugar importante que deseamos.
Ciertamente los amigos tienen trascendencia en nuestra vida cuando nos ayudan a prosperar; pero todo con un límite.

Si no estamos realmente capacitados para el puesto que se nos ha dado, tendremos un sinfín de problemas, precisamente por nuestra ineficiencia en el desempeño de nuestras labores y en el trato con nuestros inferiores.

El que de verdad quiera superarse (no degenerarse), tendrá que disciplinarse y empezar desde abajo. Es difícil pero la satisfacción de ser verdaderamente eficiente y útil, es muy grande.

4. Conformismo.

El conformismo con estar donde estamos porque nos parece imposible superarnos, es algo que no debemos aceptar.

Se cuenta que Demóstenes era tartamudo, sin embargo quería llegar a ser orador. Cualquiera con un impedimento como ese se hubiera desilusionado, pero él no. Todos los días se iba a la playa y ahí, de cara al mar, gritaba sus discursos sin importarle el estruendo de las olas. Para hacer su ejercicio más difícil, se metía piedrecillas en la boca y procuraba, a pesar de ellas, hablar con la mayor claridad posible. Poco a poco venció su tartamudez y llegó a ser el más grande orador de su época.

Conozco a una mujer que cuando joven, le fue negado el permiso de cursar estudios superiores, porque según sus padres, con lo que sabía era suficiente. Se consumía en la desesperación, hasta que vio un anuncio que le ofrecía un curso de inglés por correspondencia.

Sin pensarlo más se enroló como alumna, perfeccionándose en inglés. Poco tiempo después se casó con un americano con el cual vivió varios años en Estados Unidos y otros tantos en Francia antes de que ambos radicaran en el país de ella. Si hubiera sido conformista, aún estaría en su casa, renegando de su suerte y sin haber gozado muchas experiencias maravillosas en otros países.

La abuela Moss no sabía nada de pintura. Tenía más de setenta años cuando empezó a pintar y a los ochenta ya era famosa.

La vida no debe ser un estancamiento. El que se queda donde está, se expone no solo a quedarse en ese punto, sino que, al avanzar otras personas, lógicamente él retroceda.

A veces la empresa de superarnos es dura y casi imposible, sin embargo, poniendo nuestra confianza en Dios, podemos lanzarnos hacia adelante haciendo nuestras las palabras del apóstol Pablo que dijo: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”. Cristo mismo dijo: “Y todo lo que pidiereis creyendo, lo recibiréis”.

Cobremos ánimo y superémonos.

 

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