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El fin de dos años de cautiverio en las selvas colombianas

Redacción de Prisma

Después de más de dos años como preso de guerrilleros colombianos, Ray Rising, miembro de Instituto Lingüístico de Verano (ILV), ha revelado algo de lo que le pasó entre el 31 de marzo de 1994 y el 17 de junio de 1996.

“Me secuestraron las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), el grupo rebelde más antiguo y grande del país. Nunca me dijeron por qué me tomaron preso, pero más tarde me di cuenta de que era porque pidieron rescate por mí”.

Como el ILV y otras organizaciones cristianas tienen la política de no pagar rescate, Rising sabía que sus posibilidades de sobrevivir eran pocas, aunque confiesa: “Cuando estás en la selva y oyes helicópteros, bombas, ametralladoras y fuego de armas quisieras que alguien pagara para liberarte”.

El cautiverio involucraba dos aspectos: periodos de aburrimiento y de terror. El grupo cambiaba de lugar cada veinte o treinta días. “Dormía a la intemperie, siempre entre los árboles, sobre una cama hecha de palos con hojas para acolchonarla. Encima tenía un poncho, un mosquitero y un pedazo de plástico negro. Todos vivían de la misma forma. Me tenían que cuidar y dar de comer. Uno de ellos había sido chef en un hotel de Bogotá y era muy buen cocinero”.

Rising tuvo como meta compartir con todos el Evangelio: “Durante los primeros cuatro meses era difícil debido al liderazgo. El primer comandante no me dejaba hablar con nadie. El día de mi cumpleaños, el 2 de agosto de 1994, llegó un comandante nuevo y me dio más libertad. El ambiente era totalmente distinto. Di gracias al Señor por ese regalo de cumpleaños”.

Tuvo muchas oportunidades de testificar de Cristo y además procuró hacer la vida más fácil para sus captores: “El Señor me dijo que hiciera el bien en todo lo posible. Serví como peluquero, puse inyecciones, reparé grabadoras. Cuando rompí accidentalmente mis anteojos, los arreglé con hilo dental y pegamento instantáneo”.

Todos los días los guerrilleros se levantaban a las cinco de la mañana para prepararse a marchar antes del alba, en caso de que el ejército se acercara. A las seis se servía el desayuno y después Rising podía dedicar dos o tres horas a estudiar el Nuevo Testamento y orar. Hacía ejercicios por la tarde. Parte del tiempo pudo escuchar programas de radio incluyendo los de la emisora cristiana HCJB desde Ecuador. Escribió sesenta y ocho cartas a su esposa, pero ella solo recibió cinco, sus captores nunca enviaron las otras.

Físicamente lo único que perdió fueron dos amalgamas de sus muelas, que “gracias a Dios no me dolieron”.

En cuanto a su relación con Dios Rising dijo después de recuperar la libertad: “Al principio pensé que el Señor me estaba probando. Dice en su Palabra que pasaremos por pruebas purificándonos como oro. Entonces me hizo entender que estaba sufriendo por Él, por mis colegas, por la causa de la traducción bíblica. Esto me animó mucho”.

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