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No eres un accidente. Dios quiso traerte a esta tierra con un propósito.

Redacción de Prisma

“Es obvio que no valgo nada” le dijo deprimido un preso a su visitante.  “Claro que vales.  La realidad es que no eres un accidente. Dios quiso traerte a esta tierra con un propósito, te hizo de manera especial, vales muchísimo”, le aseguró su interlocutor.

El salmista, hablando de Dios asegura: “Tú creaste las delicadas partes internas de mi cuerpo y me entretejiste en el vientre de mi madre” (Salmo 139:13 NTV). ¡Qué aseveración tan maravillosa! Tal vez pienses: “pero no sirvo para nada, nunca me ha ido bien, ni mis padres me quisieron, he cometido muchos errores”. Pues nada de esto ni otras cosas que agregues a la lista son válidas cuando se trata del valor que tienes como persona.

¿Has tenido la oportunidad de ver o escuchar a Nick Vujicic? Nick nació sin piernas, ni brazos. Sus primeros días de vida fue rechazado aun por su mamá, quien por fortuna después cambió de actitud. En su proceso de crecimiento Nick aprendió que Dios lo amaba y quería usarlo para algo y así ha sido.
Este joven va por todo el mundo exponiéndole a la gente el gran amor de Dios. También les muestra que si Dios ha realizado una obra a través de Él, todos los demás pueden hacer aquello para lo que los trajo a la tierra.

¿Cómo puedes ser la persona que Dios soñó que fueras? Necesitas relacionarte de cerca con tu Creador para que él te vaya dirigiendo. Algo muy sencillo es poner atención a las cosas que te encantan para descubrir las habilidades que tienes.

Existen dones que solo se descubren a través de ejercitarlos. Si desempeñas todas las labores que puedas, descubrirás para qué eres bueno. Dios es tan multifacético, que te hizo apto para muchas cosas. Por supuesto, después de identificar esas cualidades, emplea tu don para que no se atrofie.

En cuanto a tu carácter y forma de ser, eres único, no existe alguien igual a ti. No tienes que ser como otros para ser aceptado, querido o importante. Dios te ama tal como eres y en tu individualidad te va a emplear para que el mundo conozca de su amor.

No temas ser tú mismo, sé auténtico y verás las grandes recompensas que obtendrás al darle crédito a Dios por lo que ha hecho contigo. Dios no se equivoca y él te formó.
Como dice Pablo en Efesios 2:10: “Porque somos hechura suya creados en CRISTO JESÚS para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas”.

¿Qué esperas? ¡Manos a la obra!

 

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