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Para todos

Mi perro nos defendió de una serpiente venenosa

Me hizo revalorar el amor y nobleza de nuestros compañeros fieles

Por Diana Gálvez

Mi hija Melisa y yo fuimos a pasear a sus perros a una pequeña presa cerca de Centro Sur, en la ciudad de Querétaro. A punto de retirarnos del lugar, los perros empezaron a ladrar detectando el peligro de una víbora de cascabel a tan solo 5 metros de donde estábamos. Nunca había escuchado el sonido de su cascabel, el cual es bastante fuerte. Me impactó mucho.

Queríamos retirarnos lo antes posible y después de una larga batalla por fin logramos alejar a los perros. Pero vimos que Rogelio, el pitbull negro, lo más noble que se puedan imaginar, se quedó sentado sin podernos seguir.

Mi hija detectó que había sido mordido. Lo cargó unos 30 metros hasta la camioneta y fuimos tan rápido como pudimos a una veterinaria. Resultó que tenía tres mordidas, una de ellas con los cuatro colmillos. El veneno actuaba rápidamente y no tenían el antídoto. Trataron con diligencia de conseguirlo.

Mientras tanto el daño interno de los órganos, la sangre diluida y el daño neurológico eran muy graves, incluido el intenso dolor. Cuando por fin tuvieron en sus manos el antídoto, ya no fue posible salvarlo.

Le doy gracias a Dios, que a través del amor y fidelidad con el que ha dotado a estos magníficos animales, nos libró de este enorme peligro. Me hizo revalorar el amor y nobleza de nuestros compañeros fieles. Cuidemos de ellos con amor y no trastornemos su nobleza con maltratos.

Aún impactada por esto, pensé en el gran amor que mostró una persona al ser sometida a la crueldad humana, incredulidad y humillación. Su cuerpo fue desangrado con el látigo de tiras de cuero trenzado con piezas de metal y hueso y la asfixiante agonía en la cruz. Todo por salvarnos a nosotros del pecado de este mundo, para darnos vida abundante y eterna a quien quiera recibirla.

El veneno de la víbora es semejante a la maldad de este mundo. Te paraliza, te va dañando internamente poco a poco. Trastorna tus sentidos y provoca la muerte espiritual. En el caso de nuestro valiente perro, el antídoto llegó tarde, pero el antídoto que ofrece Jesucristo para cambiar tu vida aún está a tu alcance en tanto siga latiendo tu corazón.

Pero no te fíes de que tienes la vida por delante, ni de lo fuerte o intelectual que te creas. ¡El pitbull parecía un toro! Ni menosprecies el daño del pecado, ni como trastorna tus sentidos. Y no te creas inmune, por muy buena persona que seas. La Biblia dice: “por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios”.

La salvación que Cristo ofrece está al alcance de todos, ahora. “He aquí yo estoy a la puerta y llamo, si alguno oye mi voz, y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo” (Apocalipsis 3:20).

 

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