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En medio de la desesperanza, Julián encuentra el antídoto para el mal que le consume

Cuento por Eliseo Chung

“Lo siento, ya no podemos seguir. Perdóname, no era mi intención lastimarte. Hay alguien más en mi vida”. Aquellas palabras resultaron un martirio constante que le carcomía el alma.

Pensamientos de odio, rencor, y deseos de venganza se habían alojado en su corazón. Estaba destrozado emocionalmente. Fue como si de súbito le hubieran arrebatado la energía, incluso las ganas vivir.

Por enésima ocasión jugaban con sus sentimientos. Y ésta era la peor de todas, la más dolorosa, pues puso su confianza en quien parecía la persona perfecta para él.

¿Qué había fallado? Esta vez se trataba de alguien que compartía sus principios, gustos y creencias. La depresión lo consumía y su familia estaba padeciendo por verlo en semejante estado y no poder ayudarlo.

La noticia llegó hasta su congregación.
—Julián no ha querido salir de su habitación, y ha faltado a la escuela desde lo sucedido con Paty. Está muy mal, deberías ir a platicar con él —pidió la preocupada madre a Ernesto, quien años antes había pasado por una situación un poco más complicada y se consideraba entre los amigos más cercanos de la familia.

—Le he enviado mensajes y no responde. ¿Él pidió que yo vaya? —preguntó Ernesto.

—No. No ha querido hablar con nadie. Se niega a tocar el tema y busca la soledad.

—Es mejor esperar, mientras oramos, a que sea él quien solicite ayuda, de otra manera no podremos hacer nada.

Una semana más tarde, el afectado llegó y tocó el timbre. Ernesto recurrió al llamado.

—¡Hola! ¡Bienvenido! —Ernesto abrazó a Julián y lo invitó a pasar.

—Imagino que ya sabes que Paty terminó conmigo —dijo Julián en tono lastimero.

—Estoy enterado. Pero cuéntame: ¿Cómo va tu proceso de aceptación?

—Me afectó mucho —había lágrimas en sus ojos—. Realmente creí que me casaría con ella. Hice tantos planes y ella estaba incluida en todos. Mi vida ahora carece de sentido.

—Has tenido varias novias, ¿verdad?

—Sí. Y todas me decepcionaron. Pero de ella no lo esperaba. Se supone que es cristiana.

—¿Tú eres cristiano?

—Ernesto, ¿qué pregunta es esa? Nací en un hogar cristiano. No falto a ninguna reunión y participo en todas las actividades que puedo.

Ernesto se limitó a mirarlo atentamente, como en espera de que añadiera más palabras. El joven se sintió expuesto.

—¿Amas a Dios?

—Sí —fue la corta respuesta, seguida de un rostro avergonzado y confundido.

—Dice la Biblia que a los que aman a Dios todas las cosas les ayudan a bien. Y se refiere a todas las cosas. Incluso que la persona de quien estás enamorado te abandone para irse con otro.

—Con toda honestidad, se me hace absurdo y muy egoísta de parte de Dios —replicó Julián.

—Es lo que dice la Biblia. ¿Realmente crees que la Biblia es la Palabra de Dios?

—Por supuesto. Pero la verdad es que me cuesta mucho ponerla en práctica. Ernesto, necesito encontrar la manera de que nunca más vuelva a ocurrirme lo mismo.

¿Tú cómo le hiciste cuando a última hora aquella chica se negó a casarse contigo? Perdón, no era mi intención recordarte eso.

—No te preocupes —sonrió su amigo con sinceridad. —Te voy a contar. Dos años antes de que Marisa me abandonara, mis papás murieron en un accidente de tránsito. Quedé devastado. Soy hijo único. Ya te imaginarás cuánto me afectó. Incluso intenté suicidarme y fue durante mi recuperación cuando un amigo me visitó y me dio el mejor consejo espiritual que he recibido hasta hoy. Me mostró un pasaje de la Biblia, que hasta ese día comprendí. Me cambió la vida, preparándome para el golpe que me asestó Marisa.

Los ojos de Julián se iluminaron al escuchar que había un antídoto para el mal que lo aquejaba. Ernesto continuó su historia.

—Marisa llegó poco después de la pérdida de mis papás. La idealicé, pues ella me apoyó mucho. Cuando ella me llamó unas horas antes de la boda, para decirme que no se casaría conmigo, fue un golpe muy duro. Pero afortunadamente había aprendido de la experiencia con mis padres. Así que oré a Dios agradeciendo por su cuidado, seguro de que, si Él permitía aquello, era lo mejor para mí, aunque en el momento me fuera imposible comprenderlo.

La voz de Ernesto se perdió por un momento en los recuerdos. Luego continuó.

—Y efectivamente, Marisa no me amaba y mucho menos a Dios. Él me protegió. Ahora ella vive una vida vacía y llena de vicios e infidelidades. Lo sé porque ella misma me buscó hace algún tiempo para pedirme perdón y contarme lo mal que la está pasando.

—¿Y cuál fue el pasaje que te mostró aquel amigo? —preguntó Julián con urgencia.

—Marcos 12:30. “Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Éste es el principal mandamiento”.

—Ese corto pasaje encierra la solución a todos los problemas del ser humano —añadió Ernesto.  —Quien no logra entenderlo, dirá que estamos confiando en un Dios egoísta que todo quiere para Él. Pero resulta que es lo contrario, el Señor lo estipula así para protegernos.

Sólo cuando Dios es tu todo, te deja de afectar lo que sucede con los demás. Eso es lo que hace soportable cualquier circunstancia, incluso si todos tus seres amados mueren o te abandonan.
Ernesto miró a Julián con una triste sonrisa.

—No quiero decir que no dolerá. Claro que duele, pero si tu amor por el Señor es sobre todo y todos, ese mismo amor te dará la fortaleza para soportar. Y algo más, para encontrar la persona correcta, primero hay que enamorarse de Dios.

—¿Cómo le hago para enamorarme de Dios? —preguntó Julián cabizbajo.

—La vida de un cristiano no consiste en defender una religión o sostener programas llenos de liturgia —sonrió Ernesto. —El verdadero cristiano pasa tiempo a solas con Dios, cultivando una relación que día a día se fortalece.
Debes dedicar mucho tiempo, como en toda relación. Platicar con Él en todo momento. Contarle tus alegrías y tristezas. Pídele que te enseñe a amarlo como nunca has amado y Él lo hará.

—Quiero, en verdad deseo amar a Dios de esa manera —confesó Julián.

—¿Sabes? —continuó el sabio amigo. —El Señor nos instaló una línea directa de nuestra mente a sus oídos. Puedes hablarle sin pronunciar una sola palabra. Sólo con el pensamiento, a la hora y el momento que sea. Él te dará respuesta. Muchas veces a través de la Biblia y otras más por medio de las circunstancias o las personas.

—Pero ¿cómo puedo estar seguro de lo que Él quiere? —insistió Julián.

—Es muy importante leer la Biblia cada día. Así, aprenderás a entender lo que desea para ti conforme vayas escudriñando lo que dice ahí sin prisas. Deja que el Espíritu Santo te revele todo lo que hay para ti. Pero esto no se logra de la noche a la mañana, es un proceso largo y doloroso, y los inconstantes jamás lo logran. Aprópiate de las promesas y no olvides que su presencia va siempre contigo. teme a Dios, y ámalo por sobre ti mismo.

—No sé si pueda hacer todo eso —dijo Julián—. No soy tan constante y la verdad no quiero sufrir. Pero creo, como tú dices, que vale la pena y sé que es lo mejor. ¿Me ayudas?

Los ojos de Ernesto se iluminaron con una gran sonrisa.

—Con gusto, Julián. Cuenta conmigo. Por lo pronto creo que debemos hablar con Dios y pedirle a Él su ayuda. ¿No te parece? Hagámoslo de una vez.

Los dos amigos comenzaron entonces una nueva plática con el Creador del Universo. Julián fue el primero en hablar.

—Señor y Dios: el día de hoy he comprendido más que durante toda mi vida, confundía religión con relación, pero ya no más. Perdóname por vivir en el error y creer que te agradaba con el hecho de acudir a cada reunión.
Perdóname por dejarte en el último lugar de mi vida. Padre, a partir de hoy me comprometo a invertir mi tiempo en Ti, con el propósito de llegar a amarte como nunca te amé. Quiero enamorarme y anhelar tu presencia en todo momento, extrañarte y buscar más de Ti.
Sana las heridas de mi corazón. Ayúdame, enséñame y llévame a ese nivel espiritual donde sólo importas Tú. Y algo más: elige Tú a la persona con quien he de casarme. En Cristo Jesús, amén.

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