Para todos

Los niños que no podían dormir

Después de acostar a los niños, cada uno recibía una rebanada de pan para guardar. . .

 

Al terminar la Segunda Guerra Mundial, los soldados de las fuerzas aliadas juntaron a unos niños sin hogar y los colocaron en grandes campamentos donde estuvieron bien alimentados y cuidados. Pero por la noche los niños no podían dormir.

¿Qué hacer? Finalmente hallaron la solución. Después de acostar a los niños, cada uno recibía una rebanada de pan para guardar. Se les daba todo el pan que deseaban para comer durante el día, pero esa rebanada en particular no debían comerla. Y los niños dormían en paz; sabían inconscientemente que al otro día no padecerían hambre.

En el Salmo 23 el rey David habla de esa misma confianza: “Jehová es mi pastor, nada me faltará”. Así como las ovejas ponen su fe en su pastor, las personas que han puesto su fe en el Señor, saben que de alguna manera Dios se encargará de las necesidades del mañana.

Adaptado del libro God’s psychiatry, por Charles L. Allen

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