Para todos

Lo especial de la palmera

Un árbol que crece aun en los desiertos porque su savia fluye por el centro del tronco

Por Susana Chow Pangtay

La mayoría de los árboles se nutren de la savia que fluye muy cerca de la superficie de su tronco. Por eso, pueden hacerles injertos de otras especies.

Pero cuando se le hace un corte al tronco, de solo una pulgada de profundidad, el árbol se seca, porque pierde toda su savia. Difícilmente puede sobrevivir en condiciones extremas porque sus nutrientes, por fluir tan superficialmente, son muy vulnerables a cualquier cambio climático.

En contraste, la palmera es un árbol que crece aun en los desiertos porque su savia fluye por el centro del tronco. Por eso no se le pueden hacer injertos. Sus nutrientes circulan en la profundidad, bien protegidos, lo que permite que se mantenga el árbol verde y lleno de fruto aun en condiciones extremas.

Así es que el salmista dice que el “justo fructificará como la palmera” (Salmo 92:12), pues el que está en Cristo no se nutre de su astucia, voluntad o emotividad, producto de su Yo, sino que su fortaleza surge del interior, de su vida espiritual al aplicar la verdad expresada por el apóstol Pablo a los gálatas: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí, y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gálatas 2:20).

El poder con que se mueve el cristiano que aplica la Cruz en su Yo, permite que la savia del Espíritu Santo nutra su vida a través de su espíritu. Por eso puede fructificar en su vejez y en cualquier situación difícil, permaneciendo como árbol verde que da su fruto a su tiempo y su hoja no cae.

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  • #revistaprisma #futuro #espiritual
  • “Escuchamos un clamor constante por derechos, derechos, siempre los derechos, pero muy poco acerca de la responsabilidad. Y nos hemos olvidado de Dios"

Redacción de Prisma

El ruso Alexandr Solzhenitsyn relató que cuando era niño, durante la revolución comunista (con millones de personas muertas, las calles con ríos de sangre, el temor llenando la tierra), escuchó a dos campesinos discutiendo acerca de la razón por la que estaba pasando tanta tragedia. Uno dijo: “¡Es porque nos hemos olvidado de Dios! Esta es la razón porque todo esto nos está sucediendo. ¡Nos hemos olvidado de Dios!”. A pesar de toda la educación y experiencia que más tarde obtuvo Solzhenitsyn, incluyendo los años en la Gulag, nunca se olvidó de la sabiduría de aquel sencillo campesino. 
Más tarde escribió Alexandr: “Escuchamos un clamor constante por derechos, derechos, siempre los derechos, pero muy poco acerca de la responsabilidad. Y nos hemos olvidado de Dios. La necesidad ahora es de abnegación, de un espíritu de sacrificio, de la disposición de abandonar ganancias personales a favor de la salvación de todo el mundo de Occidente”. (Extracto adaptado de: ¿Qué si América fuera otra vez una nación cristiana? de D. James Kennedy, 2003). #revistaprisma #fidelidad #Dios #alejamiento #desgracias
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  • Una licencia para conducir

Acuerdo de un padre con su hijo

Arturo acababa de obtener su permiso para manejar y le pidió a su papá que platicaran acerca de su uso del coche. ─Si subes tus calificaciones a un promedio de nueve, si te veo estudiar tu Biblia aunque sea un poco y si te cortas el cabello, podemos platicar acerca del coche ─dijo su Padre. 
Arturo aceptó la oferta. Después de un par de meses su papá comentó: ─Hijo, estoy muy orgulloso de ti. Has subido tus calificaciones y he observado que estás leyendo tu Biblia. Lo único que me decepciona, es que no te has cortado el cabello. 
Después de una larga pausa, Arturo contestó: ─¿Sabes papá? He estado pensando acerca de eso y al estudiar la Biblia he encontrado que Sansón, Juan el Bautista y Moisés tuvieron el pelo largo. El mismo Jesús probablemente también.

Con toda calma, su papá respondió: ─¿Notaste que ellos andaban a pie a todos lados? 
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  • La semilla que crece
Aunque nos veamos pequeños, queremos crecer tan grandes que tengamos impacto en el mundo.

Por Naomi Campos 
Tú y yo empezamos o fuimos creados desde un principio en el corazón de Dios. Pasó un tiempo para que llegáramos a ser un pequeño embrión, y crecimos nueve meses para abrir los ojos en este mundo. 
Solo quiero que sepas que la semilla de mostaza es tan pequeña que se ve insignificante, sin propósito. Así somos en comparación con este enorme mundo, pero esa semilla crece hasta ser un árbol grande que da fruto a su tiempo. Tú y yo queremos crecer tan grandes que tengamos impacto en el mundo, y que demos fruto a tiempo, un fruto que sea digno de bendecir y glorificar el nombre de Jesús.
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