Para mujeres

La mamá y la vida espiritual de los hijos

Ya que Cristo tiene todo el poder del mundo, ¿por qué no hace que todos crean en Él? ¿Verdad que Él podría hacerlo?

Por Elisabeth F. de Isáis

Raquelita estaba en la cama ya para dormir. Después de leerle una breve historia, me arrodillé a su lado para la oración. Como de costumbre, yo oré primero y luego empezó ella. Parecía inspirada. Oró por quizá veinte minutos, rogando por toda la familia, por todos sus compañeros del primer grado en la escuela, por el perdón de sus pecados y faltas, por la bendición del Señor Jesús en su vida, y finalmente:

“Señor, ¡cómo quisiera que todos los niños de este lugar fueran creyentes, y los de todo, todo el mundo!”.

Luego dijo Amén. Muy conmovida, me cogió de la mano y me preguntó: “Mami, ya que Cristo tiene todo el poder del mundo, ¿por qué no hace que todos crean en Él? ¿Verdad que Él podría hacerlo?

“Ah, Raquelita, es cierto que Él tiene suficiente poder para hacerlo, pero no quiere nuestro amor a la fuerza. Él quiere un amor espontáneo, que brote de nuestro corazón”.

Platicamos un poco más, y ella entendió. Pero yo me quedé pensando en el gran privilegio de ser madre, y de enseñar a mis hijos las cosas más importantes de la vida. No siempre es fácil. Los niños tienen sus tendencias buenas y malas (a veces parece que la maldad está ganando la batalla) y es una lucha constante para meterlos en el camino de la verdad.

Como madres debemos preguntarnos: ¿Qué puedo hacer para que mis hijos aprendan a amar al Señor? He aquí algunas sugerencias que creo que van de acuerdo con las enseñanzas de las Sagradas Escrituras. Mucho, por supuesto, depende de la experiencia y la consagración de la mamá que las pone en práctica. Algunos consejos:

1) Lo esencial es que los hijos vean en nuestras actividades y actitudes que Jesucristo realmente ocupa el primer lugar en nuestra vida. Si la fe cristiana no tiene ninguna importancia para nosotros, mucho menos la tendrá para ellos. ¿Habrá algo en nuestra vida que necesitamos cambiar?

2) Busquemos siempre que las experiencias religiosas de nuestros hijos sean agradables. Por ejemplo, que el estudio bíblico sea interesante y no aburrido. Que haya paz y no guerra al arreglar a la familia para ir al templo. Que haya aplausos para el niño que aprende el texto bíblico. Que no haya comentarios negativos si el niño no sabe orar bien. La salvación debe producir alegría y contentamiento, ¿no es cierto?

3) Consideremos la mejor manera de usar el tiempo de oración en la mesa, antes de comer. Si es posible, toda la familia debe estar sentada. A veces se puede cantar algún himno o coro cristiano, o alguien puede recitar un texto de la Biblia antes de orar. Ojalá que el que ora, lo hiciera en forma entusiasta y gozosa, recordando a Quién ha provisto tantas bendiciones.

4) El ambiente general del hogar influye mucho. Si hay revistas seculares, pero casi nada de literatura cristiana, pareciera que la fe no tiene importancia. Los cuadros, fotos, y textos para la pared deben escogerse con mucho cuidado. La radio, la televisión, el celular, las tabletas y la música deben vigilarse, siempre recordando las impresiones que el niño recibe de estos medios. Al entrar en el hogar, ¿se ve y se oye que es un hogar cristiano?

5) Hay que disciplinar a los hijos. Como dice el escritor sagrado: “La necedad está ligada en el corazón del muchacho; mas la vara de la corrección la hará alejar de él” (de Proverbios 22: 15). Pero hay que administrar la disciplina con amor e inteligencia, y no provocar demasiado a los niños. Hay que castigarlos, pero a la vez explicarles la razón de hacerlo, y siempre asegurarles que los amamos. ¡Dios nos dará sabiduría si se la pedimos!

6) Durante el día hay que aprovechar cada oportunidad  para hablar del Señor. En el Antiguo Testamento, Dios enseñó a los israelitas muy claramente este principio:

“Pondréis estas mis palabras en vuestro corazón… y las enseñaréis a vuestros hijos, hablando de ellas cuando te sientes en tu casa, cuando andes por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes, y las escribirás en los posters de tu casa, y en tus puertas…” (Deuteronomio 11: 18- 20). ¡Constantemente! Y… qué precioso es ver cómo los pequeños conversan acerca del Señor.

7) ¿Qué tal la actitud del hogar en cuanto al dinero? ¿Saben los niños que los padres diezman y reciben bendición al hacerlo? ¿Ven los hijos que su mamá se goza en ayudar a los pobres, en compartir lo que tiene y a sacrificarse si es necesario  para que la obra de Dios vaya adelante? Es bueno enseñar a los niños que lo que el apóstol Pablo dijo es la verdad:

“He aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación… Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús” (Filipenses 4:11 y 19).

8) Es una buena idea, invitar a personas al hogar, que fortalezcan la vida espiritual del niño. Por ejemplo, invitar al pastor y su familia para cenar.  O a algún obrero o misionero, una persona que tenga un testimonio especial, un grupo de la iglesia.

9) Por supuesto, el niño debe ver que la familia presta toda la colaboración posible a la iglesia local. Debe ser regla infalible que todos estén en los cultos, y que trabajen como la mano derecha del pastor.

10) ¿Qué amigos tienen nuestros hijos? Hasta cierto punto, la mamá debe supervisarlos. Invitarlos al hogar. Deben ser niños interesados en las cosas del Señor, o tendrán una influencia demasiado importante sobre nuestro hijo. Hay que considerar este asunto como algo indispensable. Quizá haya que cambiar de vecindario, de escuela, aun de iglesia, para que haya ambiente positivo y espiritual para el niño.

Al crecer un poco más los hijos, nuestro hogar debe ser el centro de actividades para el círculo de amigos. Que sientan la libertad para invitar a un compañero a comer o a cenar. Que el hogar tenga una bienvenida amable y hospitalaria para los de la secundaria, de la preparatoria o de la universidad. Jesús rogó por los creyentes, antes de ir a morir en la cruz. “No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal”.

11) Algún tiempo durante el día debe escogerse como tiempo devocional familiar. Puede ser en la mesa después de comer, en la mañana antes de ir a la escuela, o en la noche antes de dormir. Debe ser un tiempo de felicidad y cariño, a la vez que sea una oportunidad para leer historias bíblicas o misioneras y discutir los grandes elementos de la fe. Como padres, busquemos libros atractivos y bien presentados, apropiados para niños, para usar en el tiempo devocional. Es allí donde los niños aprenden a orar, y algún día, arrodillados al lado de mamá o de papá, entregarán sus corazones a Jesucristo.

12) La última sugerencia en esta docena de ideas, es algo que no es fácil pero que produce mucho. ¿Por qué no organizamos una clase bíblica semanal para niños en nuestro hogar? Hay muchos materiales visuales, de historias bíblicas o de la vida cristiana, que se pueden conseguir y que les encantan a los niños.

Nuestros hijos se gozarán al invitar a sus compañeros a la casa para cantar, oír la historia, aprender un texto bíblico de memoria y comer algo. Aprenderán mucho acerca de la Biblia, harán un gran servicio a los otros niños y dirán que tienen la mejor mamá de todas. ¡Probemos por lo menos con una serie de seis clases y veremos unos resultados magníficos!

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