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Vidas transformadas

La última pieza del rompecabezas

Mi vida ha sido como un rompecabezas. Contadas personas la han armado poco a poco en diferentes etapas

Por Andrea Hernández González

Esto no es mi diario personal ni nada por el estilo. Es algo que escribí de mí para mí, solo que quisiera mostrarles un poco de la locura que a veces tengo y no muestro, cosas que pasan de mi corazón a la cabeza en un día común y corriente.

Espero que esto no sea tan personal que solo me pueda entender yo solita. Tampoco se vayan a espantar ni nada, pero hay veces en que una se pone sentimental. Como dijo mi buen amigo Van Gogh: “¿Acaso pueden exteriorizarse siempre nuestros pensamientos interiores? Podemos tener un gran fuego interior que nos consume y que nadie comprende. ¿Debemos acaso descuidarlo por eso?”.

Ahora que empiezo a vivir, quisiera dejarme llevar por la pluma y poder observar a la nueva persona que ha nacido en mi cuerpo, ya que a veces me sorprendo de lo que puede desatar mi deseo y que generalmente lo tengo muy guardadito.

Qué bonito es decir que ya no le tengo miedo a la muerte, pero es más bonito decir que no tengo porqué temerle a algo que no existirá en mi camino. Antes moría en cada segundo que pasaba. Ahora, por cada paso que doy, voy viviendo más y así seguiré sin parar.

Hay un tiempo para todo: tiempo para dormir, para comer, para reír, para sufrir, para ser feliz, etcétera. En lo personal puedo decir que he tenido muchas etapas y oportunidades como haber salido de mi país, practicar una disciplina, tocar un instrumento y cambiarme de casa, entre otras cosas. Estos detalles van cambiando mi vida, mi forma de pensar, de ser y crecer. Sin embargo, no son los hechos en sí los que me hacen cambiar, sino las personas que actúan en ellos.

Hace poco me preguntaron si yo he cambiado la vida de alguien alguna vez y no supe qué contestar. Me di cuenta que todos hemos cambiado la vida de alguien y no solo una vez sino muchas.

Puedo sentir cómo las personas más cercanas a mí, me han hecho cambiar de una forma sorprendente con el paso del tiempo y debo sentirme orgullosa de la Andrea que soy ahora, porque sé que de mi familia y de mis verdaderos amigos que tanto admiro, he aprendido mucho y me he llevado una gran parte de cada uno de ellos para siempre.

Mi vida ha sido como un rompecabezas. Contadas personas la han armado poco a poco en diferentes etapas. Algunas ya no siguieron mi camino, otras se irán algún día y seguramente alguien más va a hacer brillar mi rompecabezas. Porque hasta ahora y en tan escasos diecisiete años, se ha instalado la última pieza y por fin puedo decir que estoy completa.

Este último año ha sido una sorpresa muy grata de contar porque he reforzado la unión y el amor que tengo con mi familia, mi mejor amiga me ha demostrado lo grande que es, me ha valorado y querido tal y como soy, mis amigos del pasado siguen en mi corazón y aunque nos hemos distanciado, sé que están ahí en cualquier momento en el que podamos juntar nuestros recuerdos y convertir esa nostalgia en alegría.

Tres personitas me cayeron del cielo para recordarme lo buena que es esta vida y enseñarme el triple de lo que he aprendido desde el Kinder, una unión y un cariño incomparable.

Todo esto me ha hecho muy feliz sin importar si estoy hablando del pasado, del presente o del futuro, aunque yo no sabía que hay un grado más alto que la felicidad, que es tan grande que no se le puede poner nombre. La última pieza que llenó mi rompecabezas fue puesta por unas manos santas, las de Dios.

Él es mi nuevo amigo, el ser que me sigue en todo momento, el que ha puesto a estas personas en mi existencia, el que me protege y guía hacia lo bueno, el que murió por mí y me ama con todas sus fuerzas, el que me trajo aquí para que sintiera la alegría, el dolor, el amor, la amistad y la infinidad de cosas que Él creó para que las disfrutara aquí en la tierra en lo que me preparo para irme con Él a un lugar donde no hay fin.

Con un “gracias” no puedo abarcar lo grande que es la palabra de Jesús en mi vida. ¿Qué más puedo pedir?

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