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 Dios maneja la historia, la naturaleza y el universo, a tal grado que todo concuerda con su plan

Por -Gerardo Casanueva Enríquez

La Biblia nos cuenta que el tratamiento que Dios dio al pueblo de Israel fue especial, porque Dios se había comprometido con ellos, a través de la promesa que le hizo a Abraham de que por medio de su descendencia bendeciría a todas las naciones del mundo.
De Abraham nació Isaac, y de este, Jacob, cuyo nombre fue cambiado a Israel. Los doce hijos de Jacob-Israel llegaron a ser los doce patriarcas del pueblo de Israel.

Según la enseñanza bíblica, este compromiso o pacto es la clave para la interpretación de la historia de Israel. En términos teológicos esta protección se llama providencia pero no se limita al pueblo de Dios en el Antiguo Testamento, o sea a Israel, sino también al pueblo de Dios de todas las épocas.

Para que haya providencia es menester que Dios controle los hechos históricos. Estudiemos dos eventos de la Biblia que muestran el control o el manejo de la historia por Dios a favor de su pueblo, para protegerlo y de esta manera llevarlo al cumplimiento de su promesa.

Los 12 hijos de Israel fueron a Egipto porque había hambre en la tierra donde moraban. Al principio los egipcios los trataban bien, pero con un cambio de dinastía, los israelitas fueron hechos esclavos. Pero, según la Biblia, Dios no se olvidó de su promesa y después de 400 años, a través de Moisés, Dios rescató a su pueblo.

Cuando salieron de Egipto los tres millones de israelitas arribaron al mar Rojo y no podían cruzar. Ante el problema Dios hizo que el mar se abriera y diera paso a su pueblo. Así escaparon del ejército de Faraón, que había cambiado su sentir, porque antes había dado su permiso para que salieran. El evento es lo que los creyentes de todas las épocas han llamado un milagro (Éxodo 14:1-22).

Otro acontecimiento en la misma historia es que después de 40 años en el desierto, cuando Israel ya estaba listo para entrar en la tierra prometida y llegó al río Jordán, una vez más las aguas se partieron para dejar el paso al pueblo de Dios. De nuevo encontramos un milagro de la providencia de Dios (Josué 3:13 al 17).

Algunos que han estudiado los eventos opinan que realmente no hay nada milagroso en estos hechos históricos.  Dicen que todavía en ocasiones fuerte viento del oriente hace que se retiren las aguas del mar Rojo, dejando bastante espacio para que grupos grandes de personas puedan pasar en la arena firme y maciza.  Ellos dicen que esto es lo que pasó cuando llegaron los israelitas, y la Biblia lo confirma, porque dice en Éxodo 14: 21 que la mar se retiró por un recio viento oriental.

Se puede decir algo semejante del río Jordán. A veces, por los terremotos caen grandes pedazos de tierra y rocas en el cauce del río. El agua entonces no corre encima de la tierra y rocas que han caído y durante ese tiempo, todo el río desde ese punto para abajo queda seco.

La Biblia lo confirma en el canto de Débora en Jueces 5:4 donde dice: “La tierra tembló”. Además en el Salmo 114: 3 y 4 dice: “La mar vio, y huyó; el Jordán se volvió atrás. Los montes saltaron como carneros; los collados como corderitos”. Seguramente esta es la forma poética de describir el terremoto.

Para proteger a su pueblo y también cumplir con su promesa, Dios maneja la historia, la naturaleza y el universo. A tal grado que todo concuerda con su plan y la providencia se realiza a través de la cosa más natural de la experiencia humana. Aquí vemos la grandeza del Dios de la Biblia.

Dios hizo estos dos milagros para cumplir con la promesa de proveer de la descendencia de Abraham a Aquel en quien todas las naciones del mundo serían benditas. La misma Biblia nos dice que este es el Señor Jesucristo, que nació en el lugar preciso y en el tiempo exacto por la misma providencia de Dios.  La Biblia también dice que este Jesucristo es el Salvador de todos los que confían en Él.

 

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