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¿Cómo sería una pareja que ha logrado subir las máximas cumbres del mundo?

Por Elisabeth F. de Isáis (1925-2012)

Había mucha expectativa en el hotel Lepanto de la Ciudad de México el 30 de noviembre de 2002, porque estaba anunciada la llegada de la renombrada alpinista Badía Bonilla y su esposo Mauricio López, para hablar en el desayuno de la Asociación Cristiana de Periodismo.

¿Cómo sería una pareja que ha logrado subir las máximas cumbres del mundo? ¿Cuáles habrían sido sus experiencias, sus motivaciones, sus peligros, sus satisfacciones? ¿Sus consejos para los demás jóvenes?
Muy puntuales llegaron los dos, con grandes sonrisas, expresiones de salud y energía, vestidos de llamativas chamarras deportivas de amarillo y rojo. Exactamente como uno se imaginaba que serían unos alpinistas de tanta fama.

Después de algunos emocionantes cantos de alabanza cristiana por Martín Navarro,
una lectura literaria acerca de Rubén Darío y la Navidad escrita por Luis D. Salem, y un rico plato de omelette con frijoles y quesito y todo lo demás, se pararon los dos héroes para compartir sus pláticas con toda franqueza y sinceridad.

Descubrimos que:
En primer lugar, es un deporte muy costoso que no tiene apoyo oficial. Un viaje al Everest, por ejemplo, puede costar hasta setenta mil dólares contando viáticos, estadía de dos o tres meses en países como China o Nepal, permisos, renta de guías y cargadores, equipos especializados, alimentos y mucho más.

Para juntar tanto dinero los alpinistas ahorran, venden playeras y otros productos, buscan patrocinadores y piden la ayuda de Dios. Poco a poco llegan los recursos.

En segundo lugar, se necesita empezar a preparase prácticamente desde la niñez porque para conquistar montañas, se requiere una condición física óptima. De niña, Badía corría en maratones y Mauricio escalaba montañas. Se veían en actividades deportivas, sin conocerse, hasta que un día él la invitó a salir y allí inició la amistad que resultó en su matrimonio hace diez años. Los dos dicen que desde pequeños, traen el deporte en la sangre.

Diariamente hacen ejercicio, corriendo hasta ochenta kilómetros por semana, para
mantenerse en forma. Además, Badía es nutrióloga y Mauricio geólogo, carreras ideales para el alpinismo y una vida saludable.

Aun así, una expedición exige por lo menos dos meses solo para aclimatizarse poco a poco.
En tercer lugar, enfrontan muchas dificultades. Aunque uno no piensa en eso, solo ponerse el equipo para estar en las grandes alturas toma una hora.

Es equipo muy pesado. No pueden caminar más que muy, muy lentamente. Los vientos de hasta 150 kilómetros por hora y el frío pueden ser prácticamente insoportables; la razón por la que Badía logró llegar a la cumbre del Everest aquel 17 de mayo y Mauricio no, fue porque a él se le congelaron las córneas a apenas cincuenta metros de la meta.

¡Imagínense los problemas para las necesidades biológicas o tan solo comer en tales condiciones! Las vestimentas especiales los cubren a tal grado que ni siquiera se reconocen el uno a la otra cuando están a más de 8,000 metros de altura; allí casi no pueden comer porque sienten náuseas, angustia y mucha sed, siendo sumamente difícil dormir en las alturas. En el Everest ambos perdieron diez kilos.

Además, a las grandes altitudes el clima es impredecible. De un momento a otro puede desatarse una tormenta y la visibilidad es nula. Muchísimos alpinistas han muerto durante sus expediciones.

Llegando a la cumbre, nada más se contempla el increíble panorama durante un momento y luego, el vencedor se apura a bajar antes de que venga un desastre. Este deporte requiere de tremendo auto control y de gran dependencia mutua y en los guías.

Badía llegó a conocer a Jesucristo como Salvador gracias al testimonio de una amiga cristiana, y afirma que le ayuda llevar su Biblia a las montañas como alimento espiritual y para su meditación. Procura poner en práctica las enseñanzas de la Palabra del Señor y se siente muy enamorada de Él, deseando acercarse cada vez más a Dios.

Su personalidad es muy abierta, haciendo lo posible por servir a las personas que la necesitan. “Mi vida es mucho mejor ahora que conozco a Cristo”, dice con su característica sonrisa.

En cuanto al deporte del alpinismo, tanto Mauricio como Badía desearían ver más apoyo de parte del gobierno de México y más sentido de equipo entre todos los deportistas, pero no se quedan lamentando sus circunstancias, sino que siempre proyectan seguir adelante con nuevos triunfos. Mauricio es el entrenador, el líder, y Badía su fiel seguidora.

Su próximo reto es volver al Everest para que Mauricio logre el triunfo, acercándose en esta ocasión por el lado sur del máximo coloso del mundo en lugar de tomar la ruta desde el norte como la otra vez.

¡Todos sus admiradores estaremos a la expectativa de la gran noticia!

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