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Salud

Guerra al cáncer desde cinco frentes

“Tiene cáncer de próstata y le quedan alrededor de seis meses de vida” fue la sentencia.

Contado a Rebeca Lizárraga Raygoza

Era el 27 de junio de 2016 cuando el pastor Francisco Delgado Zaragoza, después de unos análisis, supo el diagnóstico. Él y su esposa Amelia Pulido pidieron la dirección de Dios y se dispusieron a hacer la guerra a esa enfermedad desde cinco frentes.
Ya pasaron más de dos años y Francisco Delgado está sano. Su vida ha tenido una impactante transformación y sigue en tratamiento. Todo ello se refleja en tres áreas de su vida: Una relación más profunda con Dios, una gran sensibilidad hacia el dolor de los demás y la obtención de conocimientos muy prácticos sobre la salud de cualquier persona.

Francisco Delgado y su esposa ejercen el Ministerio Itinerante de la Iglesia Emmanuel de Asambleas de Dios de la Ciudad de México. Para ello viajan por todo el país predicando sobre el avivamiento espiritual, la sanidad y la liberación interior, lo que significa una vida muy activa, que en junio y más concretamente a partir de agosto del 2016 se vio interrumpida, para empezar la guerra contra el cáncer.

Los cinco frentes de batalla fueron los siguientes: El primero de todos, la alimentación. Basada en frutas, verduras y granos. Evitando las carnes rojas y el pollo. Consumiendo pescado. Las proteínas se logran con la combinación, por ejemplo, de frijol, arroz integral y tortilla, por citar solo una fórmula, pero otros alimentos proteínicos son el garbanzo, lentejas, habas y alubias.
De esta manera ha logrado fortalecer su cuerpo de tal modo que le ha permitido afrontar los otros tratamientos.


Precisamente en la alimentación Francisco hace una reflexión: “el no atender y cuidar que los alimentos que ingerimos sean sanos, está provocando un incremento multiplicador del cáncer de todo tipo”. De hecho, en su experiencia al asistir al Instituto Nacional de Cancerología (INCAN), ha visto incrementar en aproximadamente un cuatrocientos por ciento el número de pacientes en ese Instituto.

El pastor Delgado explica: “Las carnes rojas y el pollo claramente son cancerígenos porque los productores inyectan químicos al ganado bovino y avícola para que rápidamente crezca y engorde y sean mayores sus ganancias.
El problema es que las células cancerígenas se quedan en nuestro cuerpo, viajan por el torrente sanguíneo y si encuentran una pequeña área blanda o con grasa, se implantan ahí y no mueren. Mutan y buscan toda la proteína y las calorías, y empiezan a crecer y crecer. La persona adelgaza porque todo lo que come es absorbido por esas células.

“La razón por la que se ha incrementado mucho el cáncer de próstata es por ignorancia y descuido”. Asegura Francisco delgado, que así como en las mujeres ya es una disciplina hacerse el papanicolao, los hombres también deben hacerse la prueba de antígeno cada seis meses.

Por otra parte, el descuido en los hombres es que nunca piensan en el contenido de sus alimentos  y sus consecuencias, sino solo en su gusto y paladar.
Siguiendo con los frentes de batalla, explica que el segundo, fue la hidroterapia, que consiste en un baño de sal y agua lo más caliente que se pueda por una media hora una vez a la semana. De esta manera, se eliminan todas las toxinas provenientes de los alimentos.

El tercer frente fue la radioterapia, un tratamiento por tres meses que permitió eliminar las células cancerígenas y corregir la inflamación de su próstata.
“Con el cáncer se padecen fuertes dolores”, dice Francisco. Los tres primeros meses del año 2017 Francisco llegaba diariamente a su sesión de radioterapia cargando su Biblia. La leía y oraba.
Él y su esposa Amelia se fueron a vivir a Querétaro para tener el incentivo de cada día volver a ver a su nieto, quien es un milagro de Dios, y convivir con su hija y su yerno.

Recuerda cómo veía sufrir cada día a sus compañeros de tratamiento de radioterapia en el INCAN. Al ver el dolor reflejado en sus rostros y después de dialogar con el enfermo les decía:  “Repite después de mí: Señor Jesucristo, te necesito. Perdona mis pecados”.

Francisco Delgado recuerda el caso de un joven de apenas 25 años con cáncer en los huesos al que le dijeron que ya no había nada más que hacer, que se fuera a su casa. La madre del joven sufría.
Platicó con ella y luego con él. Compartió su petición al Señor Jesucristo y añadió una más: “Llévame contigo. El chico sintió la paz de Dios. A los dos días murió.

No hay que dar argumentos para convencer de la necesidad de Cristo en nosotros. La necesidad es evidente. No hay tiempo. Es abrir las puertas del cielo para que pase la gente”, asegura el Pastor.
El cuarto frente de guerra fue la hormonoterapia, que consiste en una inyección cada seis meses en el ombligo donde se deja en lo interno una sustancia en una especie de palillo, que se va consumiendo.

Así se provoca que el cuerpo no produzca testosterona que es la hormona masculina que alimenta al cáncer. La cuestión es que esa sustancia produce bochornos, sudoraciones, palpitaciones, falta de energía, pérdida de masa ósea e insomnios.
El quinto frente de guerra fue la herbolaria y Francisco nos muestra una decena de frascos que contienen esas medicinas y de las cuales tiene que tomar una cápsula diaria de cada una.

“Cuando se presentó la enfermedad” explica, “fue muy claro cómo Dios intervino para proveer ayudas, para conocer a médicos, para saber y aplicar los medicamentos que poco a poco aprendimos, como la herbolaria, la hidroterapia, el seguir los tratamientos en el Instituto Nacional de Cancerología y ante todo, fortalecer la alimentación sana para poder soportar la presión de todo este proceso hasta alcanzar la salud”.

Al referirse a su relación con Dios, Francisco afirma que ha aprendido a ver del otro lado. ”Me he asegurado que tengo una reservación confirmada. Cuando muera, voy a estar con el Padre. Porque muchas veces, aún en las iglesias, es tanto el movimiento y las actividades que a veces se olvida lo fundamental.
También, he aprendido a caminar con Dios en medio del dolor, que es terrible y constante”. Recuerda cuando no podía orinar y la necesidad se prolongaba hasta por dos días. Por el dolor, gritaba completo y varias veces el Salmo 51: “Ten piedad de mí, oh Dios…”.

El final de ese proceso siempre es: “¡Gloria a Dios!” a todo pulmón.

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