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Arte

Frida Kahlo: “No estoy enferma, estoy rota”

Hay esperanza para las mujeres rotas. Hay esperanza para los hombres rotos

Por Keila de Macip

La huella más visible de México en muchos países extranjeros es la de Frida Kahlo.

Al caminar en las calles de los distritos turísticos y artesanales, sobresalen playeras, tazas, bolsas y llaveros con el rostro de Frida. ¿Qué es lo que esta artista mexicana ha hecho para conectar con tantas culturas?

Diego Rivera, su esposo, no ha tenido la misma acogida, quizá porque las temáticas en sus murales se centraban más en la política y la historia. Frida, sin embargo, se pintó a sí misma y en el proceso, retrató su dolor.

Frida es un ícono del feminismo, pero también del sufrimiento. Ella misma declaró que tuvo dos accidentes en su vida: el atropellamiento del tranvía y su matrimonio con Diego. Ambos moldearon su vida y le produjeron una intensa agonía. Frida escribió: “No estoy enferma, estoy rota”.

¡Cuántas mujeres dicen lo mismo! En Querétaro, Orizaba, Tehuacán, Veracruz, Guadalajara, Ciudad de México, Estambul, Amsterdam, Nueva York o Londres. En todas estas ciudades caminan mujeres y hombres rotos por el divorcio, la infidelidad, la enfermedad, la pobreza, las malas decisiones, el egoísmo y el orgullo.

Pero hoy, en estas mismas ciudades, transitan otros que solían estar destrozados y que hoy están completos. Son personas que encontraron al Restaurador de vasijas rotas, que escucharon la voz de Aquel que vino a sanar a los quebrantados de corazón y que con humildad admitieron la necesidad de un cambio.

Existen mujeres restauradas que sonríen y se conectan con otras, deseosas de ser un medio para comunicar la esperanza que hay de volver a estar completas. Son bajitas, altas, jóvenes y ancianas. Ninguna es como Frida, porque ya no están rotas. Quizá no son pintoras, pero sí son artistas, porque colorean su alrededor al reflejar a Aquel que ha pegado las piezas fracturadas de su corazón.

Hay esperanza para las mujeres rotas. Hay esperanza para los hombres rotos. Solo es cuestión de que los que ya hemos sido sanados, estemos dispuestos a compartir con ellos las Buenas Noticias de Aquel que los ama y fue quebrantado hasta la muerte para restaurar, perdonar y dar vida eterna al que cree en Él.

 

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