Para hombres

Fiel como el árbol

Sin importar las tormentas, ni los fuegos, ni los relámpagos, un árbol se mantendrá firme en su lugar

Por Felipe Güereña A.

Permanecer fiel es difícil. A través de los años lo he tratado de enseñar con mi ejemplo, pero no ha sido suficiente. La Biblia dice en Hebreos 13:5: “Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora: porque él dijo: No te desampararé ni te dejaré”.

En el fondo, la avaricia es el principal motor para la infidelidad. El pasto siempre se ve más verde al otro lado de la cerca y por eso muchos se van para allá. Abundan las invitaciones de amigos y vecinos que nos acompañan en la búsqueda de pastos “más verdes” e irse al otro lado a turistear es muy fácil.

Jeremías 7:7-8 dice: “Pero benditos son los que confían en el Señor y han hecho que el Señor sea su esperanza y confianza. Son como árboles plantados junto a la ribera de un río con raíces que se hunden en las aguas. A esos árboles no les afecta el calor ni temen los largos meses de sequía. Sus hojas están siempre verdes y nunca dejan de producir fruto”.

Esta imagen de una persona que persiste en confiar en Dios es opuesta a la de los infieles que se comparan con la hierba rodadora que no tiene raíces, con ramas débiles y flexibles que son llevadas por el viento, donde vagan sin sentido por el desierto.

Lo opuesto a ello, es la persona que persiste en confiar en Dios y se ilustra con un árbol plantado junto a las aguas, con tronco firme y raíces que reciben nutrientes y sacian su sed en el río.

El árbol por su misma naturaleza no se mueve y se mantiene en el lugar donde nació. Para él no es problema que el otro lado de la cerca se vea más verde. Eso nunca será parte de él. Mañana el árbol se encontrará en el mismo lugar.

Sin importar las tormentas, ni los fuegos, ni los relámpagos, se mantendrá firme en su lugar. Ciertamente ese árbol no es inestable ni codicioso. Con todo, tiene necesidad de agua para existir.

En la Biblia, el agua se refiere a las Escrituras. Nosotros tenemos necesidad de hidratarnos cada día con la Palabra de Dios para poder ser fieles y estables como un árbol.

La vida misma del árbol radica en el agua que recibe. Cuando no hay agua cerca, las raíces del árbol se extienden hasta que la encuentran porque si no, muere.

De la misma manera, una persona que no está recibiendo agua espiritual cada día, va perdiendo fuerza, firmeza, solidez y se dobla con los embates de la vida.

Necesitamos la fuerza espiritual que se consigue con el alimento diario de la lectura y estudio de la Biblia y el conocimiento de Jesucristo que es agua viva para el ser. Solo así podremos ser fieles como un árbol.

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