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19 cualidades que te guiarán a conseguir esta meta

Por Olga López de Browne

Mucho se habla de la esposa ideal, la madre abnegada, la mujer dulce y sencilla. Más de alguna vez, se le enaltece y constantemente es motivo de consideración, pero poco o nada se dice del marido, del esposo ideal, del esposo que toda mujer quisiera tener.

Para acentuar el lado negativo acerca del marido, un poco en broma y otro poco en serio, hay quienes dicen: “Yo no soy casado, la casada es mi mujer”, y así revelan el ansia que tienen de eludir las responsabilidades hogareñas, que son inherentes al matrimonio.

Este tipo de hombre, no parece querer considerarse marido en toda la extensión de la palabra, pero sí quiere reclamar sus “derechos” y exige que estos sean reconocidos en todo momento, aun contra la razón.

Si les preguntáramos a algunas mujeres cuáles son los requisitos que podrían describir a un marido ideal, sin duda variarían mucho las respuestas; pero tiene que haber algún común denominador que permita identificar a tal hombre. He aquí algunos pensamientos:

El marido ideal no es la persona que exige a su cónyuge que lo haga feliz, más bien él trata de hacer feliz a la esposa.

El marido ideal no es una persona inflexible, sino que sabe escudriñar y aprende a ver las cosas desde el punto de vista de su compañera.

El marido ideal es la persona que acepta a su esposa, así como ella es, con todas sus virtudes y todos sus defectos, porque “no hay bonita sin pero, ni fea sin gracia”.

El marido ideal es el que recuerda las fechas de nacimiento de sus hijos, la del cumpleaños de su esposa, la de la boda, el día en que se le declaró (hasta la hora y el lugar son importantes) y el día que por primera vez salieron juntos o le dio un beso a la entonces novia.

El marido ideal es la persona que no siempre está de acuerdo, pero que siempre comprende el interés y los sentimientos de la esposa.

El marido ideal, es el que le dice a su esposa: “Te ves muy hermosa”, cuando esta pregunta si le gusta cómo se ve con el vestido nuevo que acaba de comprar.

El marido ideal es el que alaba a su mujer por lo sabroso que ella cocina, aunque al principio del matrimonio ella lo considere un dios y le ofrezca “ofrendas quemadas”.

El marido ideal es el que está listo para fortalecer a su mujer en los ratos de crisis.

El marido ideal es el que se apresta a ayudar a su esposa en las tareas cotidianas, especialmente si esta trabaja fuera del hogar.

El marido ideal es el que en lugar de ponerse a leer el periódico y esconder la cabeza tras él, llega a casa y se interesa en hablar con su esposa para saber cómo ha pasado el día.

El marido ideal es el que hace, aunque sea de vez en cuando, aquellas cosas que no le gustan, pero las hace por amor a la compañera de sus días.

El marido ideal es aquel que gratifica a su mujer espiritual, moral y físicamente.

El marido ideal es aquel que presta atención a los pequeños detalles que hacen feliz a su esposa, tales como poner la toalla en su lugar, no tirar la ropa en donde quiera, mantener la casa limpia, etc.

El marido ideal es el que admira al sexo opuesto pero nunca traiciona a su mujer ni destruye su hogar por unos minutos de placer sexual con otra.

El marido ideal es el que ve en su esposa los verdaderos valores, en lugar de fijarse solo en la belleza física; aunque esto último ayuda mucho, ¿no es cierto?

El marido ideal es el que respeta a su mujer, para que ella lo respete a él.

El marido ideal es el que no hiere a su mujer con frases de doble sentido ni con declaraciones sarcásticas.

El marido ideal es el que ama a su familia, es fiel a su esposa y buen ejemplo para sus hijos todos los días.

El marido ideal es el líder espiritual del hogar, quien todos los días pide a Dios por su familia y enseña las verdades cristianas en cada oportunidad.

“El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser” (1 Corintios 13:4-8a).

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