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¿En qué radica el éxito verdadero?

Por -Juan M. Isáis (1926-2002)

Los viajes, ha dicho alguien con certeza, ilustran. Otros afirman que las personas son universidades ambulantes, porque el cúmulo de experiencias que pueden compartir con los que les rodean es suficiente para cambiar el curso y la filosofía de vida de alguien.

Una de estas experiencias la tuve en una ocasión cuando andaba en Colorado Springs, EUA. Vi un cuadro, mal coloreado por cierto y casi empolvado, que sin duda por años guardó en silencio la definición de lo que es un hombre.

Por la profundidad de su pensamiento y porque usted, lector de Prisma, merece lo mejor, se lo comparto. Léalo con cuidado y póngalo en práctica, si no tiene la fortuna de haber reunido los requisitos para ser un hombre. Dice este texto anónimo:

“Un hombre es un éxito, si ha sido amado, si ha reído con frecuencia y si ha amado mucho. Es hombre, si ha sido respetado por gente inteligente y si ha amado a los niños. Es hombre, si ha encontrado su lugar en el mundo y ha logrado lo que se ha propuesto. Es hombre, si al partir dejó el mundo mejor de lo que lo encontró al nacer, si ha mejorado las condiciones a su alrededor,  si ha escrito un poema o si ha rescatado un alma para el bien. Es hombre, si siempre ha tenido aprecio por la naturaleza y su belleza, y si lo ha manifestado abiertamente. Es hombre, si ha buscado lo mejor para otros y ha dado lo mejor que tiene”.

No sé de usted, pero yo al solo leerlo, me declaré reprobado. La verdad, es difícil, ¿no cree?
En el mismo lugar, vi una casa donde se exponía una momia. Es decir, contrastaba la vida aquí en esta Tierra y más allá de la muerte. Al pie de esa escena había un letrero que me hizo reflexionar seriamente. Decía: “Bienvenidos al lugar teológico del eterno castigo”.

Traducido a mejor español, diría: “Bienvenidos al lugar donde se sigue pensando, mientras se está de lleno en el castigo eterno”.

A las personas por lo general les interesa saber qué hay después de la muerte, aun cuando no lo digan. Por esa razón acuden al médico, experimentan en distintos campos del pensar, inquieren con diligencia si es cierto lo que los religiosos y las religiones dicen acerca del estado del ser humano después de la muerte.

En el aquí y el ahora, se aventuran a vivirlo y a interpretarlo, pero la realidad de la vida después de que la huesuda nos visita es algo que alegra y aterroriza, dependiendo de la posición que uno tenga con respecto a la relación del ser humano con el autor de la vida y el amor, el Señor Jesucristo.

El gran filósofo y apóstol cristiano, Saulo de Tarso, dice que después de la muerte unos resucitarán para vida y otros para condenación eterna. Sin duda Cristo tenía esto en mente cuando afirmó: “Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá”. Dijo también a través de uno de sus seguidores, que si Cristo vivía en la persona, tenía la vida, pero que el que no tenía a Cristo, no tenía la vida.

Más claro ya no se puede expresar, ¿no le parece? Creo que, si usted pasa el examen de ser hombre, lo cual honestamente dudo, será mucho más feliz si pasa a ser un hombre al cambiar su dirección hacia Jesús el nazareno, el Salvador del mundo, porque Él si es ecuánime: “El que a mí viene”, sentenció un día “no le echo fuera”.

En lo que a mí toca, le aseguro que no llegaré al lugar donde se hace teología mientras se está en los tormentos eternos. Pero eso en cuanto a mí. ¿Y usted? El que cree en Cristo tiene vida eterna, afirman los Evangelios, especialmente el de San Juan Apóstol.

¡Es mejor creer en Jesucristo cuanto antes! Uno de los profetas de la antigüedad, Isaías, clamó: “Buscad a Dios mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano”. Es mejor reconciliarse con Dios, en este lado de la vida, ¿no le parece? Yo se lo aconsejo.

Hacer teología en el lugar de tormento eterno, no se lo deseo a nadie y menos a usted. Por eso le invito a que inicie hoy su camino de regreso hacia Cristo, quien siendo rico, se hizo pobre para que nosotros con su pobreza fuéramos enriquecidos. Eso significa el encuentro con Él.

Arrepentimiento genuino por causa de nuestra vida pecaminosa, más petición de perdón a Jesús de Nazaret, es igual a vida eterna que se inicia en el momento que usted cree en Él, como el único mediador entre Dios y los hombres. Si no nos encontramos usted y yo felices en la presencia del Juez de la vida y de la muerte, será porque usted estará en otro lugar haciendo teología.

 

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