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Lugar en donde se encuentran la vida cotidiana y la religiosa

Por Keila de Macip

Se puede fingir ser una cosa en la iglesia: recatada, responsable, amable, incluso intelectual. Se puede pretender en el trabajo que todo marcha bien: que uno es exitosa, feliz y satisfecha. Pero en el hogar no se puede fingir ni pretender. Allí donde una es observada las veinticuatro horas del día, en sus mejores y peores momentos, allí donde de repente se explota y en ocasiones se florece, allí es el mejor lugar para crecer como hija de Dios.

Es en el hogar donde lo común colinda con la sacro, donde los pañales sucios se conjugan con las fotografías de aniversarios. Allí en el hogar conviven la vida y la muerte, el día y la noche, la risa y el llanto. En el hogar está el altar más sublime donde se ofrece la vida en oración, pero también se encuentra el rincón donde se lloran las penas y los fracasos. En el hogar se vive el abrazo, pero también se puede sufrir el más hiriente rechazo.

Así que es en el hogar donde se puede levantar la vista y entregar el yo. Donde se pueden crear lugares que son el taller y la escuela, la iglesia y el parque de diversiones. Hogares caracterizados por áreas de creación e imaginación, por escritorios donde se lee y se escribe, por libreros donde hay Biblias y cuentos, por espacios donde se juega y se construye. El hogar también es un centro de trabajo, donde mamá cocina y cose, donde papá repara e inventa. El hogar es el refugio de todos, pero donde las puertas se abren para recibir a conocidos y desconocidos.

El hogar no es solo un lugar para dormir, es el centro de la vida. Allí se juega, se adora, se ama. Si el hogar está bien, la comunidad está bien, la iglesia está bien, la sociedad está bien. Y es la madre quien más influencia ejerce sobre el hogar. Es la madre quien con sus manos edifica ese refugio o lo destruye; es ella quien puede convertir un espacio triste en un lugar de diversión. Todo lo que pise puede volverse tierra santa si ella hace que todo sea para gloria de Dios.

¿Y cómo hacerlo cuando mamá está cansada o frustrada? ¿Cómo convertir un cuartito sin lujos en un lugar hermoso? No con dinero, sino con amor. Lo único que mamá debe hacer es reconocer que su trabajo como ama de casa, como madre, como esposa, es lo más excelso que hay. No hay ministerio más vital que su rol como madre, como esposa, como la protectora del hogar.

Quizá mamá se puede inspirar con la oración de otra madre de siglos pasados, que dijo:

“Ayúdame, Señor, a recordar que la religión no ha de confinarse a la iglesia ni al momento a solas, ni a la oración y la meditación, sino que en todo lugar estoy en tu presencia. Que cada una de mis palabras y acciones tenga contenido moral. . . y que todos los hechos en mi vida me sean útiles y beneficiosos. Que todas las cosas me instruyan y ofrezcan una oportunidad de ejercer virtud, aprendiendo a diario y logrando parecerme cada vez más a ti. Amén” (Susana Wesley).

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