Salud emocional

Soy débil pero tengo un Dios fuerte

Cuando murió mi esposo, después de 36 años de matrimonio, varios amigos me animaron con las palabras: “Eres una mujer fuerte”. O sea: “Tú puedes manejar esto”. Agradecí esa confianza en mí pero a veces contestaba: “Soy débil, pero tengo un Dios fuerte”.

Por Margie Hord de Médez

Ante las tragedias de la vida es común que consolemos a las personas exhortándolas a ser fuertes y a tener fe. Pero la fortaleza y la fe no son recursos que podamos evocar como por arte de magia. No son características innatas, sino que crecen en medio de las experiencias de la vida.

Una de mis canciones de alabanza favoritas ha sido “Eres mi protector”, en especial esa frase que dice: “El débil dirá, fuerte soy con poder del Señor”. Sin duda el compositor se inspiró en las palabras de Pablo: “Por amor a Cristo me gozo en las debilidades… porque cuando soy débil, entonces soy fuerte” (2 Corintios 12:10). ¡Pablo reconocía que en medio de sus limitaciones, la lupa se concentraba en la fuente verdadera de su poder!

Cuando Pablo pidió tres veces que Dios lo sanara, Él le hizo entender que su gracia era suficiente para sostenerlo, que su poder se perfeccionaba en la debilidad. La reacción de Pablo a esta lección fue: “Por lo tanto, gustosamente haré más bien alarde de mis debilidades, para que permanezca sobre mí el poder de Cristo” (2 Corintios 12:9 NVI). En otras palabras: “Bueno Señor, está bien. Si esa es la manera en que van a verte más a Ti en mi vida, ¡que así sea!”.

En otra parte vemos que “lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo sabio; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte” (1 Corintios 1:27 NVI). Dios usó a unos discípulos sin preparación teológica para que los “sabios” se maravillaran de su conocimiento de las profundidades de Dios. Usó a unos rudos pescadores para revolucionar al mundo conocido.

A lo largo de los años, Dios usó también a ancianos “débiles pero fuertes” como Moisés y Abraham, a un pastorcito dispuesto a matar a un gigante, al cobarde de Jonás y a un despreciado cobrador de impuestos. En contraste, muchos “poderosos” en el sentido humano, como reyes y profetas, cayeron en vergüenza por no honrar a Dios.

En las palabras de Jon Bloom (del ministerio Desiring God): “Dios no necesita que seas fuerte; quiere ser tu fortaleza. Quiere que tengas, ‘la fuerza y la energía que Dios te da'” (1 Pedro 4:11 NTV).

En la descripción de la mujer de carácter noble en Proverbios 31, vemos que ella “está vestida de fortaleza y dignidad, y se ríe sin temor al futuro” (NTV). Su fortaleza ¡es una vestimenta que recibe del Padre! Se trata de reconocerlo a Él como el que provee la fortaleza, no elevarse uno mismo.

Señor, sé Tú mi fortaleza. ¡Vísteme de Ti para que pueda enfrentar el futuro con fe y firmeza!

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