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Para todos

La cultura del préstamo

La Biblia nos advierte que: “el que toma prestado es siervo del que presta”

Por Sara Trejo de Hernández

En México existe una cultura respecto al dinero y las posesiones: es la del préstamo. Es tan antigua que hasta tenemos una institución que se llama Nacional Monte de Piedad que se fundó hace 240 años y se dedica a esa tarea.

Desde que estamos en la escuela primaria pedimos la goma, el corrector o la regla, porque ese día se nos olvidó.

Conforme vamos creciendo esa forma de actuar se vuelve un estilo de vida. Pedimos préstamos bancarios y usamos tarjetas de crédito si no nos alcanza para algún bien que “necesitamos”.

También pedimos a amigos, parientes o conocidos: libros, discos, películas, aparatos electrónicos, el auto, en fin, todo lo que queremos lo podemos obtener mediante un préstamo.

Lo más grave es que algunos no tenemos la costumbre de regresar o pagar las cosas. Es triste escuchar que personas que eran amigas, han dejado de serlo por un asunto de dinero no devuelto.

Para no estar en ese problema, algo que ayuda mucho es revisar si la persona que nos pide algo es confiable, si ya le prestamos una pluma o una cantidad pequeña, y no la regresó, menos nos devolverá algo mayor. Como nos enseña Jesús en el evangelio de Lucas: “El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel; y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto” (Lucas 16: 10).

Una norma que puede ayudarnos para saber si debemos prestar, es tener una buena administración de nuestro dinero. Así sabremos si existe en nuestro fondo dinero que podemos dar, pues si no nos lo pagan no sufriremos por la pérdida. De otra forma no debemos arriesgar el patrimonio.

Lo mismo podemos hacer con cualquier otro objeto que se nos pide. Si sabemos que la persona no tiene la costumbre de devolver las cosas y no queremos regalárselas, evitemos prestarlas.

Ahora, poniéndonos en el otro lado. Si alguien nos presta algo, aunque sea pequeño e insignificante debemos ser muy cuidadosos de regresarlo en el tiempo que acordamos. Para no ser catalogados como expresa el Salmo 37:21: “El impío toma prestado, y no paga”.

La Biblia nos habla en muchas ocasiones sobre su provisión para los que lo buscamos, como en Deuteronomio 18:12: “Te abrirá Jehová su buen tesoro, el cielo, para enviar la lluvia a tu tierra en su tiempo, y para bendecir toda obra de tus manos. Y prestarás a muchas naciones, y tú no pedirás prestado”.

Dios nos promete proveer para nuestras necesidades. Pero también nos dice: “Y si no son fieles con las cosas de otras personas, ¿por qué se les debería confiar lo que es de ustedes?” (Lucas 16:12 NTV).

La Biblia nos advierte que: “el que toma prestado es siervo del que presta” (Proverbios 22:7). Es una forma de esclavitud que Dios quiere que evitemos.

Por eso nos recomienda a través de Pablo: “Pagad a todos lo que debéis: al que tributo, tributo; al que impuesto, impuesto; al que respeto, respeto; al que honra, honra. No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros; porque el que ama al prójimo, ha cumplido la ley” (Romanos 13: 6 y 7).

Así que pagar lo que debemos y devolver lo que pedimos es una forma de amor hacia los que nos prestan y una liberación de la servidumbre.

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