Para todos

Cuando la tentación toca a la puerta

¿Cuántas veces hemos dicho: “Cuando yo decida, voy a dejar de hacerlo”?

Redacción de Prisma

Por alguna razón, creemos que somos lo suficientemente fuertes para resistir la tentación que toca a nuestra puerta. ¿Cuántas veces hemos dicho o escuchado lo siguiente?: “Cuando yo decida, voy a dejar de hacerlo”.  Sin embargo, la receta segura es huir de ella, no quererla enfrentar, porque somos débiles.

Existe una lista enorme de cosas que nos causan tentación. Para algunos es la pornografía, el cigarro o las relaciones sexuales fuera del matrimonio. Incluso cosas buenas como la lectura o la comida, pueden tomar un control desmedido sobre nosotros.

Sabemos muy bien qué cosas nos son dañinas, pero no siempre estamos dispuestos a dejarlas. En ocasiones necesitamos estar en una situación grave, para hacer cambios. Una mujer tenía mucho dolor en su rodilla. Cuando fue con el médico él le dio como receta una dieta para bajar de peso. Nunca lo había logrado, pero era tanto su malestar que la obedeció al pie de la letra y el dolor disminuyó.

¿Por qué esperamos a tener graves consecuencias para evitar la tentación? Parece una necedad, pero es una realidad. Se dice que los seres humanos somos los únicos, en toda la creación, que tropezamos dos veces con el mismo obstáculo.

Es importante recordar que la tentación en sí no es un pecado, el pecado es ceder a ella. Pero es posible evadirlo y no caer en el error. La Biblia nos da esperanza porque enseña: “No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar” (1 Corintios 10:13).

Después de escuchar que existe una salida, lo único que tenemos que hacer es emplear sabiamente ese recurso.

Por otro lado pensemos: ¿En verdad queremos dejar esa actitud, acción o pensamiento? Algunas cosas seguirán siendo tentación para nosotros toda la vida.

No podemos bajar la guardia. ¿Vamos a usar los recursos de Dios para no caer? ¿Vamos a esperar hasta estar “entre la espada y la pared” para poner manos a la obra? ¿Vamos a caminar en la dirección contraria cuando la veamos venir?

Un recurso más: “Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil” (Mateo 26:41).

Acudamos a Dios en oración, cada vez que nos sintamos débiles. Él nos dará la salida que necesitamos.

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