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Ciencia

El cristiano y las células embrionarias

¿Qué debemos pensar en cuanto a mejorar nuestra salud mediante el uso de fetos humanos?

¿Qué debemos pensar en cuanto a las posibilidades de mejorar nuestra salud mediante el uso de los fetos humanos?

Tal pregunta es muy importante para alguien como Joni Eareckson de Tada, quien ha estado en una silla de ruedas desde que un accidente en 1967 la dejó cuadriplégica.

Ella confiesa que le encantaría poder caminar y moverse. Es una mujer con un intelecto sobresaliente, y ha llegado a ser una poderosa líder que ha servido bajo dos presidentes norteamericanos en el Concilio Nacional de los Discapacitados, además de ser presidente del Concilio Cristiano Sobre Personas Discapacitadas, incluyendo un consorcio de ochenta organizaciones cristianas.

Y basándose en lo que ella sabe acerca de los experimentos hechos con embriones, dice un rotundo “no” al tema. Sus razones:

1) Las posibilidades de sanar a los discapacitados son mayores con el uso de terapias con células troncales adultas. Señala un ejemplo de Seattle, Washington, donde veintiséis pacientes con esclerosis múltiple degenerativo fueron inyectados con sus propias células tomadas de su médula osea. Seis de los enfermos mejoraron y veinte se estabilizaron.

En otro caso en Los Angeles, California, un neurocirujano tomó células del cerebro de un paciente con la enfermedad de Parkinson, las cultivó y algunas maduraron hasta formar neuronas que secretaban dopamina. Inyectó seis millones de dichas células en el cerebro del paciente y un año después las síntomas de aquel enfermo habían mejorado en un 83 por ciento.

2) Se ha descubierto que un médico puede usar las células del propio paciente como terapia, lo que reduce los peligros de tumores o de rechazo. Este procedimiento tiene tres grandes ventajas: es más seguro, más ético y más económico.

3) Los experimentos con embriones son demasiado arriesgados. Las células embriónicas crecen y crecen y crecen. Dijo recientemente el paraplégico James Kelly ante el Senado norteamericano, que los experimentos con embriones tienen demasiados obstáculos, incluyendo la formación de tumores, mutaciones genéticas de períodos largos y cortos, costos prohibitivos y la necesidad de usar huevos tomados literalmente de millones de mujeres para tratar una sola enfermedad.

Explica Joni: “Mi esposo y yo apoyamos la investigación de heridas a la espina dorsal, pero no hasta el grado de que los posibles beneficios se sobrepongan a problemas morales serios, el efecto en la sociedad y la posibilidad de ser una afrenta a Dios”.

4) Ella cree que los experimentos con embriones, deben ser declarados ilegales, porque considera que en realildad se trata de clonación para investigación. En otras palabras, los científicos crean una clase de seres humanos únicamente con el objetivo de experimentar con ellos. No debemos apoyar legalmente a nadie que desea crear seres humanos solo para explotarlos.

5) Si violamos hoy a un embrión humano, mañana no tendremos la conciencia de cuidar a un feto, a un infante, a una persona discapacitada. Una sociedad que honra la vida, debe resguardar los derechos de los discapacitados, los débiles y los pequeños. “Un mundo en que la industria biotécnica decide la agenda moral, es una amenaza a mí como adulto y como paraplégica”, asegura Joni.

6) El embrión en sí, es una vida humana, no una rata o un pollito. Cada uno de nosotros empezamos nuestra vida como un embrión. Hacer experimentos con la clonación de embriones es un ataque contra la autoridad creativa de Dios.

7) El conocimiento científico avanza rápidamente. Necesitamos hallar pioneros en cuestiones de ética, para guiar a los investigadores a tomar decisiones prudentes. Después de todo, cuando tocamos las bases del génesis humano, estamos tocando la niña del ojo de Dios.

En síntesis, Joni apoya las terapias e investigaciones con células troncales de adulto, pero no con embriones.

Sus convicciones como cristiana son muy fuertes al respecto. ¡Mucho cuidado con violar las leyes divinas!

(Tomado de una entrevista publicada por la revista Christianity Today, marzo 03)

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