Top
Ciencia

Contaminación bacteriana

Para evaluar el nivel de limpieza de las manos de los niños, se realizó un estudio en una escuela

 

Por Vasti Ortega con Gerardo Palacios Saucedo

Todos sabemos que las enfermedades diarreicas son un problema frecuente, sobre todo en niños menores de cinco años. Son causadas por virus y bacterias que se adquieren al ingerir alimentos o agua contaminados, o al comer con las manos impregnadas por estos gérmenes.

Pero, ¿hasta qué grado? Para evaluar el nivel de limpieza de las manos de niños escolares, se realizó un estudio en una escuela cristiana de la Ciudad de México, que cuenta con alumnos de secundaria y preparatoria.

La alumna Vasti Ortega de catorce años de edad, llevó a cabo la investigación bajo la asesoría del doctor Gerardo Palacios, pediatra infectólogo e investigador del Hospital de Pediatría del Centro Médico Nacional Siglo XXI.

Los objetivos fueron:
1) Evaluar cuántos alumnos en la escuela se lavan las manos antes de comer en el recreo.
2) Evaluar la importancia que los alumnos atribuyen al lavado de manos antes de comer.
3) Evaluar qué tan contaminadas por bacterias están sus manos antes de comer en el recreo.

Sin que los quince alumnos entre doce y diecisiete años de edad supieran que estaban siendo observados (método conocido como “estudio de sombra”), se les analizó durante una semana de marzo de 2002.

Posteriormente, estos alumnos fueron encuestados para saber qué tan importante era para ellos lavarse las manos antes de comer, y si se lavaban regularmente antes de ingerir cualquier alimento.

Además, se tomaron muestras de las manos de cinco alumnos para evaluar el grado de contaminación bacteriana (gérmenes).

Se frotaron las manos con algodones empapados con una solución estéril que luego fue inoculada en dos medios de cultivo que fueron incubados a 37 grados centígrados durante la noche. El estudio se hizo con la colaboración del personal del Laboratorio de Microbiología, Clínica del Hospital de Pediatría del Centro Médico Nacional Siglo XXI.

Sorpresivamente, ninguno de los quince alumnos se lavó las manos antes de ingerir alimentos en el recreo, a pesar de que todos reconocieron que era importante hacerlo. Catorce contestaron que no se lavan regularmente. El único alumno que dijo que sí se lavaba las manos, fue el que tuvo más bacterias en el estudio.

En las manos de los cinco, se detectaron cantidades incontables de bacterias “mesofilicas”, lo que indica un alto grado de contaminación, o sea, manos muy sucias. En dos de los cinco se hallaron bacterias “entéricas”, las cuales se eliminan a través de las heces, lo que habla de contaminación fecal. Muy probablemente no se lavaron las manos después de ir al baño. Finalmente, en uno de los alumnos se descubrió un hongo en sus manos.

La investigación prueba que las manos de los estudiantes están muy contaminadas con gérmenes debido a que no se lavan las manos antes de comer.

Algunos de los gérmenes, como los “bacilos entéricos”, pueden causar enfermedades graves como gastroenteritis, disentería y fiebre tifoidea. Otras enfermedades graves que pueden ser transmitidas por no lavarse las manos antes de comer, o cuando se manejan alimentos, son el cólera, la hepatitis A y la amibiasis.

Es interesante que en la Biblia encontramos información sobre diversas enfermedades y métodos curativos, pero lo más abundante en ella son los preceptos preventivos.

El Pentateuco, los primeros cinco libros de la Biblia, contiene un total de 613 preceptos o prohibiciones, de los cuales más de un tercio son de carácter médico o higiénico. La ciencia médica ha reconocido que el impacto de las enfermedades diarreicas en la sociedad puede reducirse considerablemente, a través de medidas sencillas y al alcance de la mayoría.

¿Por qué las enfermedades diarreicas siguen siendo frecuentes en pleno siglo XXI, cuando desde hace más de tres mil años la Palabra de Dios ha dado al hombre instrucciones detalladas sobre nuestra alimentación y el manejo de alimentos?

Algunos ejemplos: “Ninguna grosura de buey ni de cordero ni de cabra comeréis. La grosura de animal muerto, y la grosura del que fue despedazado por fieras, se dispondrá para cualquier otro uso, mas no la comeréis” (Levítico, capítulo 7, versículos 23 y 24).

“Lavaré en inocencia mis manos, y así andaré alrededor de tu altar, oh Jehová” (Salmo 26, versículo 6).

“Purifícame con hisopo, y seré limpio; lávame, y seré más blanco que la nieve” (Salmo 51, versículo 7).

“Tendrás un lugar fuera del campamento adonde salgas; tendrás también entre tus armas una estaca; y cuando estuvieres allí fuera, cavarás con ella, y luego al volverte cubrirás tu excremento” (Deuteronomio, capítulo 23, versículos 12 y 13).

“El que tocare cadáver de cualquier persona será inmundo siete días. Al tercer día se purificará con aquella agua (de la purificación), y al séptimo día será limpio; y si al tercer día no se purificare, no será limpio al séptimo día.

Todo aquel que tocare cadáver de cualquier persona, y no se purificare, el tabernáculo de Jehová contaminó, y aquella persona será cortada de Israel; por cuanto el agua de la purificación no fue rociada sobre él, inmundo será, y su inmundicia será sobre él” (Números, capítulo 19, versículos 11 a 13).

Sería bueno que regresáramos a los sabios preceptos de la palabra de Dios, la cual no solo nos provee todo lo necesario para ser un pueblo sano, sino también un pueblo santo.

Deja un comentario

Tu correo electrónico no será publicado. Los campos obligatorios están marcados con un asterisco.*