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Deporte

Carlos Reynoso, futbolista estrella… pero drogadicto

“Había estado muy enfermo por la drogadicción, pero no más… De la noche a la mañana Dios me libró”

por Elisabeth de Isáis (1925-2012)

Algunos creen que ha sido el mejor jugador de la historia de México. Ciertamente el mejor número ocho del futbol mexicano. ¡Cuánta fama, cuántos honores, cuántos privilegios!

Pero… siempre existe un pero: Las tentaciones. Carlos Reynoso llegó a México desde Chile con su esposa y tres hijos, para conquistar al público fanático del deporte con su destreza en la cancha. Desgraciadamente, empezó a la vez a conquistar a bellas damas como Verónica Castro y Lupita D’Alessio. Su matrimonio se derrumbó; Él mismo se describió como más parrandero que jugador. Finalmente cayó víctima de las drogas.

* * *

En la Asociación Cristiana de Periodismo (ACP) de la Ciudad de México existía mucha expectativa por el desayuno del 24 de marzo, ya que se había anunciado que el gran futbolista Carlos Reynoso vendría para contarnos algo de la historia de su vida. A la vez iba a cantar el trío Corbán, con su música extraordinaria. ¡Bellas alabanzas!

Cuando alguien de la talla de Carlos es anunciado, los organizadores de la ACP siempre tiemblan un poco, porque no todas las personas famosas ven como importante un compromiso con un grupo que por lo general no pasa de cincuenta personas. Realmente, ¿llegaría el futbolista? Los empleados del Hotel Lepanto estaban tan emocionados como los asistentes al desayuno, deseosos de verlo en persona. Cuando entró por fin como a las 9:45 de la mañana, a muy buena hora, acompañado por su hermano menor Víctor Hugo, los líderes de la ACP dieron un suspiro de alivio y el público se puso bien contento.

El secretario de la asociación, Julio Moreno Vega, le dio la bienvenida entre broma y broma, ya que él y Carlos habían sido amigos y compañeros desde antes. Sí, la estrella aceptaría un rico jugo de naranja, un omelette de jamón y champiñones, unos frijolitos, un cafecito. Había hecho un esfuerzo impresionante para llegar, ya que su esposa Catalina estaba malherida por un asaltante que la balaceó en la pierna para robarle el coche, una semana y media antes, pero afortunadamente ella había mejorado lo suficiente como para que el marido pudiera cumplir con la ACP.

Y ante el asombro de todos, empezó a relatar cómo la droga entró en su vida para arruinarlo. Seguía jugando, pero no podía dormir sin más y más Valium (llegó a tomar hasta 90 al día) y de día se mantenía en pie con cocaína. También tomaba coñac. “Fue terrible”, recuerda. Llegó a pesar 96 kilos, inconcebible para un futbolista estrella.

Alguien quiso ayudarle, presentándole a Jesucristo como la solución a sus problemas, pero Carlos era muy fanático de la religión tradicional, y: “Los mandé a volar”, recuerda. Alrededor del cuello se colgaba nada menos que siete cruces de oro.

Pero: “Me estaba muriendo, estaba perdido”, dice ahora. Sus compañeros de juego se frustraron con él, pero seguía con los bolsillos llenos de droga. Su mano se puso temblorosa. Por todas las pérdidas, fue despedido de su trabajo como entrenador del equipo de Veracruz, ¡imposible de creer!

En un viaje a Europa con su hija Paola, una cristiana ferviente, le empezó a leer la Sagrada Biblia y él escuchaba. Paola quiso que su papá creyera en Jesucristo y fuera liberado de sus vicios, pero estaba muy atado al mal. Por amor a ella él estudiaba la Biblia, pero no aplicaba las enseñanzas a su propia vida.

Finalmente, de regreso en México lo convencieron de visitar una reunión de Amistad Cristiana en la colonia Xoco de la Ciudad de México. Toda la gente se veía tan feliz que Carlos la consideraba bien loca. Se burlaba de la música, de la alabanza y del gozo de las tres mil personas en el auditorio.

Entonces el predicador del día, Palemón Camú, se levantó para presentar el mensaje del Evangelio.
Casi de inmediato Carlos se puso tenso. ¿Quién le habría contado a ese hombre acerca de toda su vida? Miró a su hija para acusarla, pero ella negó haber dicho algo. Camú hablaba del adulterio, de la borrachera, de la mentira, como si estuviera retratando al famoso futbolista sentado en frente de él. Lo cierto era que el predicador tenía toda su atención.

“Había hecho muchas tonterías”, admitió Carlos Reynoso ahora ante la Asociación Cristiana de Periodismo. “Pero ese día recibí al Señor, y desde entonces mi nariz está sana de todo el daño que me hice con la cocaína, y puedo dormir como un angelito sin Valium. De la noche a la mañana Dios me libró”.

Había estado muy enfermo por la drogadicción, pero no más. Desde entonces todos los días da gracias a Dios por su perdón, por su salvación, por cómo lo ha liberado. “Hace siete años no he tocado la droga”, afirmó Carlos. Lleva una amistad muy estrecha con el pastor Joe Rosa, que también fue liberado de la drogadicción y que hoy dirige un ministerio en Guadalajara para otras víctimas.

“Pretendo llegar a ser un buen cristiano; quisiera ser un mejor cristiano”, reflexionó el futbolista. “Muchos vivimos equivocados y no respetamos a los demás que creen en Dios. El texto bíblico que más me ha ayudado, dice así: ‘Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí’. Jesucristo realmente es el Señor; no podemos llegar hasta Dios por ningún otro camino. Tenemos que nacer de nuevo”.

¿Cómo han reaccionado sus compañeros ante este gran cambio? “Cuando la gente ve un cambio para bien, se gozan con uno”, dijo. Su único temor es su carácter explosivo y gruñón. “Lo veo con tristeza”, confiesa Carlos; “me enojo conmigo mismo por mis enojos y me arrepiento, pero es una lucha”.

Obviamente, un jugador famoso tiene mucha influencia en la juventud, y Carlos reconoce que su milagroso rescate de la droga puede ayudar a muchos jóvenes a buscar la misma solución. “Si el Señor me hizo futbolista, soy un testimonio para la juventud”, afirma.

¿Cómo lo lleva a cabo? Regala gorritos con citas de la Biblia, como el texto de Filipenses que dice: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”, y otros escogidos de los profetas Isaías o Jeremías. Espera que los gorritos sirvan para llamar la atención del público hacia Dios.

¿A dónde va su vida de aquí en adelante? Carlos Reynoso no está muy seguro. El futbol está en su sangre, y en su familia, ya que dos de sus hijos juegan y una hija está casada con un jugador. Obviamente, tiene un gran don de liderazgo y quisiera ser un buen ejemplo, aunque ha llegado a ser un hombre humilde delante de Dios, consciente de sus fallas.

Las personas que lo escuchamos aquel día en la Asociación Cristiana de Periodismo, estaremos orando para que el Señor le lleve de la mano hasta cumplir el plan que Dios ha tenido para él “desde la fundación del mundo” …aunque Carlos haya tardado unos años en iniciar ese camino tan maravilloso, pero nunca es demasiado tarde. ¡Los brazos de Dios siempre están abiertos para recibir a las almas arrepentidas!

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