Para todos

El café y los valores del reino

Tres características que nos permiten ver la huella del café en nuestro entorno

Jonathan Martin Orosco Medina

—¿Quién quiere café?
Esta pregunta resuena en la sobremesa de muchas familias en la CDMX. Ya sea negro, con leche o de olla, el punto es que haya café.

El café ha logrado lo que instituciones, programas e incluso asociaciones han buscado: momentos de diálogo, amistad y charlas amenas con la familia o amigos.

Alguna vez, platicando con una amiga cuya familia está muy involucrada en las misiones, concluíamos que Dios se refleja a través de la cultura, y que hoy en día, el café es parte de la cultura en nuestra sociedad y que deberíamos utilizarlo para mostrar los valores del reino.

Me parece que el café tiene tres características importantes, que nos ayudan a entender por qué esta bebida provoca un clímax de valores en nuestras reuniones y nuestra sociedad; estas características son: orgánico, puro y concentrado.

1. Orgánico.
El café orgánico es tratado mediante un proceso natural y vivo, es decir sin químicos, sin plaguicidas ni herbicidas. El café orgánico sazona nuestras reuniones con un toque natural, con algo vivo y biológico.

Nuestras reuniones necesitan esto; vivimos en ciudades tan estresantes y rutinarias, con cientos de actividades sistematizadas y con la tecnología a nuestro total alcance. Sin duda alguna necesitamos ser sazonados con lo orgánico, necesitamos de lo vivo y de lo saludable, de eso que provoca pláticas profundas y variadas, con el objetivo de conocer y unir más a las personas.

2. Puro.
Dicen los expertos que para saber si el café de un lugar es bueno, tienes que pedir un americano de máquina o un expresso, esto permite conocer el sabor, sus vitaminas, minerales y por supuesto su pureza.

Tengo alrededor de tres mil personas en Facebook, con más del 80% solo he convivido cara a cara, menos de dos ocasiones. En nuestra actualidad conocemos a nuestros seres queridos y amigos por lo que publican o postean en Facebook, sin ir más allá y quedándonos con lo superficial.

El café en nuestras reuniones permite que conozcamos a las personas tal como son, sin apariencias y con lo mejor y lo peor de ellos, pero de esto se trata, de ser quienes somos y dejar que los demás sean tal cual son, generando un ambiente de verdadero amor, justo como lo hizo Jesús, Él logro poner en la mesa a un judío y a un zelote.

3. Concentrado.
Esta característica tiene que ver con el equilibrio de los diferentes sabores que provoca un mismo café, también tiene que ver con el sabor que perdura aún después de probarlo.

Estoy seguro de que cada vez que tomamos café con un amigo querido, trataremos de buscarlo para volver a verlo. Estoy seguro de que en las familias, al menos dos o tres veces se toma café en la semana, y justo ese es el efecto de esta bebida, una unión y experiencias que queremos repetir.

Estas tres características nos permiten ver la huella del café en nuestro entorno, entender que cada día podemos disfrutar y convivir con las personas, que a veces no sabemos por lo que está pasando alguien, pudiera ser dolor o frustración, pero incluso en esos duros procesos de la vida, les podemos ser de ayuda, muchas veces basta con invitarle un café.

Un excelente escritor decía que en toda cultura hay una ventana que debemos descubrir para poder experimentar los valores del reino, creo que una de esas ventanas son las reuniones que se hacen alrededor de esta bebida. Necesitamos aprender a descubrir esas ventanas y permitirnos experimentar los valores del reino para parecernos cada día más a Jesús y compartirlo con amigos y familiares.

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