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A ti, que, sin ser perfecto, fuiste escogido por Dios para ser imagen de lo perfecto: Dios Padre

Por Sally Isáis

Gracias por tratar de ejemplificar el amor de Dios por sus hijos.

Gracias por la disciplina. Por todas las veces que después de castigarme me abrazaste y dijiste: “Esto me duele mucho más que a ti”. En el momento nunca te creí, pero ahora que soy madre, lo entiendo perfectamente.

Gracias por las miradas que dicen mil cosas sin hablar: “Te amo”, “Estoy orgulloso de ti”, “¡Lo lograste!”. También aquellas de las que me quiero esconder: “¡¿No te he enseñado que eso no se hace?!”. “No estoy enojado” contestas, cuando yo lo veo en tus ojos. Si insisto, aseguras que no te los puedes cambiar.

Gracias por los errores y la valentía de decir: “Lo siento”.

Gracias por obligarme a decir: “Lo siento” cuando yo no lo quiero hacer.

Gracias por amar a mi mami. Porque a pesar de las tentaciones que sé que pasan por tu camino, te has mantenido fiel a ella y nos has brindado la seguridad de un hogar estable.

Gracias por enseñarme que el matrimonio no es todo dulzura y que, a pesar de eso, es imprescindible ser fieles al pacto que hicimos delante de Dios y no claudicar.

Gracias por perdonarme y no rechazarme cuando te critico o te ofendo.

Gracias por tu amistad. Gracias por todas las veces que me invitaste un sope en el puesto de la esquina y todos los chistes que me contaste.

Gracias por creer en mí y darme la oportunidad de desarrollar mis dones.

Gracias porque, aunque eres falible y vulnerable, has mostrado consistencia en el servicio y amor al Señor Jesucristo y has sido ejemplo de la misericordia y bendición de Dios para los que le sirven.

Gracias porque, aunque no tuviste un padre terrenal, te has esforzado para ser un excelente padre para mí.
Gracias porque nunca me has dado razón para dudar de tu amor por mí.

Te amo papi. Muchas gracias.

Tu hija.

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